Madres hartas de sentirse “demasiado” estrictas

El otro día una buena amiga me envió este post. Está publicado en el blog www.loscarcolano.com. En él una familia que se define “más o menos normal” cuenta sus experiencias de todo tipo. Pues me encantó el enfoque que dan a la educación.

Hace unos meses escribí yo sobre el respeto a l@s crí@s en el post “Sutiles falta de respeto a l@s niñ@s”. Pues me parece que Carme, la madre de la familia, matiza bastante otras faltas de respeto del tipo “sutiles” que comento yo en mi artículo.

Y cuando esta información proviene de una madre, yo me agarro a ella como a un clavo ardiendo. Porque si ella lo ha hecho, significa que se puede. Yo puedo tener teorías, pero cuando veo que alguien las pone en práctica, me emociono de una manera tremenda. Y lo cuento para que todo aquel que me lea, lo sepa.

El tema de los tiempos es en el que Carme se centra más como el destete o el control de esfínteres. A veces la practicidad o el estrés del día a día nos hace tomar esas decisiones, que no son malas. Pero sí es verdad que tampoco son inocuas. Si supiéramos las consecuencias que traen, quizá daríamos más importancia a otras variables.

Cuando el curso anterior elaboré una sesión para las escuelas de padres que imparto titulada “Lo que debo controlar y lo que no”, lo hice motivada por orientar a mis alumn@s sobre dónde sí poner atención y energía y dónde no.

Yo veo cansancio bastante generalizado en las madres y padres que asisten a mis cursos. Creo que es por volcar demasiada energía en las situaciones equivocadas y no tener ya suficiente para las que requieren ese esfuerzo.

Creo que respetar esos momentos de los que habla Carme te da la posibilidad de luego ponerles límites que los críos asuman como razonables. Me explico: ese respeto es una forma de transmitir afecto. Cuando un niño recibe ese respeto y ese afecto, respeta mucho más al otro, se fía, confía y se deja guiar. Es menos rebelde y más razonable.

Cuando tú le das a un niño ese trato, cuando estás convencido de que le estás tratando lo mejor que puedes… Luego no te apena exigirle, que se frustre o pedirle que se controle en su comportamiento. Es lo que yo describiría como afecto y limites en partes iguales, la fórmula mágica de la educación.

No sé, quizá esto suene a locura. Pero es que la forma de vida que llevamos es totalmente insana para nosotros, para los críos, para la crianza y para la educación.

Piénsalo

Piénsalo

Pero quizá haya algo que hacer. Quizá no hace falta que trabajemos tanto, o que ganemos tanto dinero, o que tengamos tantas cosas. Quizá podemos vivir con menos, aburrirnos un poco más y estar más en el presente.

Porque como no le plantemos acara a esta vorágine, se nos tragará. Cuanto menos tiempo les dediques, menos satisfactoria será la relación que se cree. Cuanto más disponibles os mostréis para lo que realmente necesiten, menos falta les haréis en un futuro. Se sentirán seguros y confiarán en que siempre estaréis allí para lo que necesiten.

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5 comentarios

  1. Tengo tres hijos y esta es mi fórmula para criarlos. Nos va muy muy bien, a ellos tres y a sus padres de manera individual, y a la familia cuando somos uno. Hablamos mucho, yo los escucho también les exijo. Pero por encima de todo, los respeto muchísimo, cada uno con sus virtudes y sus defectos, y ellos lo saben. Les doy mucho amor y les compro lo justo y necesario. Somos muy felices, tenemos nuestros “tiras y aflojas” como en cualquier relación, pero siempre negociamos lo que se puede negociar y lo que no, se explica por qué no.

  2. ¡Hola Pilar! Muchas gracias por hacer eco de nuestro post. Como tu, también creo que la clave es dedicarles más tiempo 🙂 Y como ya he dicho en más de una ocasión, tanto a profesores como a pediatras cuando me preguntan si tengo tiempo: ¡desde que soy madre ya nunca tengo prisa! Siempre tengo tiempo, porque todo el resto puede esperar un poquito.

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