Gestionando emociones en pequeñas cosas del día a día

¿A quién lo se le ha rajado un paquete de arroz, pasta o similares al ir a abrirlo? A mí, el otro día, de arriba abajo. Concretamente, éste de copos de avena.

De arriba abajo.

De arriba abajo.

Sabes que se suelen rajar, pero piensas que esta vez quizá no pase.

Intentas hacerlo con sumo cuidado porque te ha pasado más veces y aún así te pasa de nuevo.

Y entonces, te acuerdas del fabricante de los copos de avena, del diseñador del envase, de toda la empresa… (hasta de sus familiares).

La ira comienza a apoderarse de ti...

La ira comienza a apoderarse de ti…

Te ves como la única persona en el mundo a la que le pasa y te sientes muy torpe.

Miras la encimera, el suelo y parece como que la mitad del contenido o más se ha desparramado descontroladamente por toda la superficie.

Piensas en que todo eso que se ha caído ya no lo vas a poder aprovechar.

Cavilas en lo mal que te viene que te pase esto ya que no vas bien de tiempo y ponerte a recoger “el desastre” te va a descuadrar toda la mañana.

Te visualizas recogiendo copos de avena durante un mes por toda la cocina.

Y, mientras tanto, aún tienes el paquete entre tus manos. Pensando todo eso, sin buscar solución y cada movimiento que haces aún provoca que vaya cayendo más de lo que sea en cantidades que, a ti, te parecen ingentes.

¿Cuál es la emoción primera que surge cuando algo como esto te pasa? A mí, fastidio. Me fastidia que se me raje el paquete (a ver cuándo cambian el diseño…). Pero todo lo que hago con mi pensamiento, hace que ese fastidio se vaya intensificando. Se va convirtiendo en enfado, ira, rabia y mucha frustración.

Tú puedes hacer que el fastidio acabe en cabreo.

Tú puedes hacer que el fastidio acabe en cabreo.

Así que consigo que algo que en un principio era fastidioso, acabe convirtiéndose en una frustración intolerable. Pero, ¿quién la convierte en intolerable? Yo, con mi pensamiento.

¿Cómo gestionar esta situación para que no nos saque de nuestras casillas?

  • Primero, si sé que esos paquetes son una lata, voy a buscar una manera de abrir éste anticipando el desastre: poniendo un plato debajo, por ejemplo.
  • Segundo: si se raja, verlo como lo más normal del mundo y no como una catástrofe.
Creo que es mejor esta actitud... Qué se le va a hacer...

Creo que es mejor esta actitud… Qué se le va a hacer…

  • Tercero: pienso que le pasa a todo el mundo. Mal de muchos, consuelo de tontos, pero consuelo al fin y al cabo.
  • Cuarto: seguro que se puede aprovechar mucho del contenido del paquete. ¡No lo veamos todo negro!
  • Quinto: no me va a costar tanto recogerlo.
  • Sexto: decido que ese “incidente” se va a quedar ahí, que me voy a olvidar de que ha pasado aunque me encuentre algún copo de avena por ahí.
  • Séptimo: para la próxima vez aprenderé de la experiencia.
  • Octavo: en mi caso, ¡me ha dado para escribir un post!

Esto os puede parecer una chorrada, pero si aprendemos a gestionar la frustración y el enfado en pequeñas acciones como esta, nos será más fácil lograrlo luego cuando nos encontremos con situaciones más serias.

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