¿Para qué sirven las emociones desagradables?

Así como los órganos de los sentidos nos dan información sobre lo que nos rodea a nivel sensitivo, las emociones nos dan información sobre cómo nos sientan las cosas. Algunas son agradables, otras no.

¿Te has preguntado alguna vez para qué te enfadas? ¿O para qué estás triste? Pues casi todas las emociones tienen una funcionalidad. Otras son más bien destructivas.

Es bueno saber que todas nos dan información necesaria. ¿Por qué? Porque algunas, como no son nada agradables, intentamos negarlas o reprimirlas. Pero si hacemos esto, no podremos acceder la valiosa información que nos dan.

Es bueno expresar las emociones.

Es bueno expresar las emociones.

Información que nos dan las emociones desagradables:

  • Miedo: necesidad de protección, seguridad y confianza. Si algo me da miedo (real, no inventado por nuestras maléficas mentes), ¿cómo me puedo proteger? Si me da miedo perderme en una excursión por la montaña, voy a aprender orientación, llevar brújula e intentaré no separarme del grupo.
Esconderse en el caparazón, no es lo que nos pide el miedo.

Esconderse en el caparazón, no es lo que nos pide el miedo.

  • Enfado: nos informa de que algo que estamos viviendo nos parece injusto. Esta emoción nos da el arrojo para expresar algo que nos parece mal. Si crees que estás sintiendo enfado pero no encuentras la injusticia, quizá lo que sientas sea otra emoción. El enfado, al darnos fuerza, se tiende a expresar con más frecuencia de la que realmente se vive. Es decir, que a veces creemos que estamos enfados pero estamos tristes o decepcionados, lo que pasa es que esas emociones nos hacen sentir más vulnerables y nos negamos sentirlas porque no queremos sentirnos débiles.
¿Seguro que estás enfadad@ cuando crees que lo estás?

¿Seguro que estás enfadad@ cuando crees que lo estás?

  • Tristeza: necesidad de consuelo, compañía, expresión, desahogo… Surge después de alguna pérdida. Es como una herida y para que se dé el duelo necesario para sanarla, la tristeza nos ayuda a despedirnos de eso que ha desaparecido o se ha acabado.
Necesitamos estar tristes para elaborar el duelo.

Necesitamos estar tristes para elaborar el duelo.

  • Envidia: nos informa de que hay algo que queremos mucho, mucho, mucho. Suele brotar del sentimiento de inferioridad y la baja autoestima. Si realmente queremos eso tanto, debemos tratar de obtenerlo, o al menos intentarlo.
¡La envidia no es tan mala!

¡La envidia no es tan mala!

Luego, hay otras muy comunes, que desde mi punto de vista no valen para nada.

  • Culpa: nos informa de que hemos hecho algo que está mal y como consecuencia sentimos remordimientos. Lo que pasa es que el concepto de culpa solo está enfocado hacia el pasado. Lo que has hecho es irreversible y ya no puedes hacer nada para repararlo. Para eliminar la culpa, hay que usar toneladas de perdón. Por ello, prefiero utilizar el concepto responsabilidad que además creo que se orienta más hacia el futuro. Tiene más posibilidades de reparar el mal que has hecho e intentarlo hacer mejor la próxima vez.
La culpa te dice que aunque saque sel clavo, siempre quedará el agujero.

La culpa te dice que aunque saque sel clavo, siempre quedará el agujero.

  • Sufrimiento: el dolor no lo eliges, pero el sufrimiento es opcional. Si te dan un pisotón, te duele. Pero antes o después deja de hacerlo. Pero si con tu mente no paras de recordarlo, el dolor no cesará. Pues el sufrimiento es alargar nuestro dolor con nuestro lenguaje interno.
Si no quitas la mano, es porque no quieres.

Si no quitas la mano, es porque no quieres.

  • Preocupación: nos dice que hay algo que nos inquieta. Pero, ¿quién nos está inquietando? Nuestro pensamiento. Preocuparse es ocuparse antes de tiempo. Si puedes hacer algo, adelante. Si no, deja de pensarlo.
Controlar nuestro pensamiento tiene que empezar a ser una opción.

Controlar nuestro pensamiento tiene que empezar a ser una opción.

  • Miedo, en este caso del irreal. Del que se nutre de las películas de terror que nos contamos. ¿Cuál es el antídoto? El amor. Si tuvieras a una persona agorera comiéndote todo el día el tarro con lo mal que te van a salir las cosas, ¿no la mandarías a freír espárragos? Imagino que sí, porque pensarías que no te quiere muy bien si te está haciendo eso, ¿no? Pues si tienes una voz que te está tratando así de mal dentro de ti, trata de sustituirla por otra más maja, más amable y que no quiera que lo pases mal.

¡Otro día sigo con más!

 

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