Los adultos somos más crueles que los niños, sin ninguna duda

Ahora que ya han pasado unos días desde Eurovisión, me apetece reflexionar sobre cómo se ha actuado con el fallo que cometió el representante español.

Leí este post en el que se hablaba sobre el linchamiento público al que se había sometido a Manel Navarro y la relación que tenía sobre el bullying. Absolutamente de acuerdo.

¿Quién se atreve ahora a decir lo típico de “es que los niños son muy crueles”? Porque… a los adultos no nos ganan, eh.

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Siempre he tenido la teoría de que los niños hacen lo que ven. Si alguien comete un fallo y al minuto ya hay memes rulando por Whatsapp, Facebook y Twitter, significa que tenemos la mente muy avispada para ir a la yugular a la mínima.

Y luego está la facilidad con la que se hacen virales, nosotros lo hacemos. Tenemos un gran poder, ¿somos conscientes de ello?

Leyendo los comentarios de aquel post, muy acertado desde mi punto de vista, había otros muchos comentarios que no compartían el enfoque. ¿Sabéis donde está la base del bullying? Ahí.

En esos comentarios que quitan importancia el acto de burlarse. Que no es para tanto. Que eso se olvidará en unos días.

En aquellos que lo justifican. Que si sales en la tele te expones a ello. Que si él le hizo una peineta a uno de sus compañeros cuando lo escogieron para representar a España…

Yo alucino.

No hay una fórmula mágica para terminar con el bullying, son muchos ingredientes aparentemente inofensivos los que contribuyen a este plato. Pero queremos sacudirnos la responsabilidad que tenemos. Preferimos usar la frasecita de turno con resignación.

Pues no.

Todos estamos expuestos a críticas. Si sales en la tele, más porque todo el mundo ve lo que haces. Pero criticar no es burlarse. Está claro que esa proporción existe. Cuanto más alcance tenga lo que hagas, más repercusión tendrán los resultados. Pero criticar es una cosa y burlarse, otra. No son bromas. Las bromas divierten a quien las hace y a quien las recibe. Si no es así, no es una broma. No es agradable.

¿Por qué tenemos que asumir que cuando cometes un fallo una de las consecuencias lógicas es que se burlen de ti? ¿Acaso no es suficiente haberte equivocado? Si evitáramos estas mofas, le quitaríamos un poco de negatividad al hecho de cometer errores. Fallar es algo que vamos a hacer siempre, naturalizarlo sería una buena manera de vivirlo mejor.

Pero si nos reímos de los errores ajenos, los convertimos en algo peor.

Pero si nos reímos de los errores ajenos, los convertimos en algo peor.

¿Dónde está la empatía cuando nos comportamos así? ¿Y la madurez?

Y cuando se alude a la falta de humor  de quienes vemos esto con seriedad… entonces ya no hay nada que hacer. Los problemas se solucionan tomando en serio lo que sucede.

Así que asumamos nuestra responsabilidad, que lo que está pasando no es para menos.

Las pequeñas cosas.

Las pequeñas cosas.

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Un comentario

  1. Mucha razón tienes Pilar, qué fácil resulta a veces mofarse de alguien, en vez de empatizar y comprender…

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