Mis vacaciones no han sido lo que esperaba

No pasa nada si tus vacaciones no molan. Yo pensaba que sí, pero no.

Recientemente (algunos ya lo sabéis) he estado de vacaciones. Quería hacer un impase entre el trabajo durante el curso y el del verano, así que me organicé un pequeño viaje.

Yo lo único que quería era descansar en alguna playa del mediterráneo, buen tiempo y tranquilidad. No parecía pedir mucho. Pero en Mallorca, no he conseguido mi objetivo.

Debo decir que viajar no es una pasión para mí. Más bien lo hago de vez en cuando porque sé que me sienta bien, pero me tengo que esforzar. (Sí, existe gente a la que no le gusta viajar). Gastarme dinero que tanto me cuesta ganar en ir a un sitio y no hacer nada productivo es algo que me supone un esfuerzo. Creo que descansar es bueno, intento convencerme de ello. Quizá es por eso que, cuando viajo, pretendo que merezca muchísimo la pena.

Así que entre esto y la poca planificación, mis expectativas se hicieron muy altas u poco realistas. Teniendo en cuenta que nunca había ido a Mallorca, que preparé el viaje en media hora, que no sabía que estaba tan abarrotado y que iba a hacer un calor terrible.

Ese objetivo aparentemente sencillo de la tranquilidad, se volvió casi una obsesión. Paralelo al enfado conmigo misma de no haber planificado mejor el viaje, hice una mezcla de emociones y lenguaje interno nada amables. Aunque el primer día ya estaba analizando mis pensamientos, como podéis ver en este vídeo.

Me negaba a aceptar que era lo que había. El hotel, aparte de viejo y cutre estaba muy sucio. La zona, masificada. El turismo, muy diferente a lo que yo buscaba. Eso sí, las playas chulísimas.

Y con sombrilla, mejor.  (También me quemé, jajaja)

Y con sombrilla, mejor. (También me quemé, jajaja)

Así que hasta que no acepté que no iba a obtener lo que quería, no empecé a disfrutar del todo. Tuve que cambiar mi expectativa. Dejar de reprenderme por no haber planificado más el viaje. Comprender que apenas tuve tiempo para ello. Y cambiar las gafas que me había puesto de “vaya **** de sitio” por las de “buscar lo bueno del lugar y de la experiencia”.

Y ha habido muchas cosas guays: la experiencia de irme sola, conducir por la isla, ir y hacer todo el tiempo lo que me daba la gana, hablar con gente que no conocía de nada, descubrir sitios súper acogedores, sentirme muy bien tratada por la gente con la que me encontré, estar en playas cristalinas, aprender a manejarme por un territorio por el que no había estado jamás, disfrutar de la lectura en parajes preciosos, estar y reírme conmigo misma…

Oasis en el desierto de las "desilusiones" (¡toma drama!)

Oasis en el desierto de las “desilusiones” (¡toma drama!)

Pero no las podría haber disfrutado si no hubiera cambiado el chip. Si no hubiera dejado de terribilizar. Gracias a Santandreu que me acompañó todo el viaje, conseguí que la experiencia fuera mucho mejor.

Muy, muy, muy recomendable.

Muy, muy, muy recomendable.

Terribilizar hubiera sido dejarme llevar por creencias del tipo “Siempre que me gasto dinero en el algo tiene que merecer la pena”. O “Irse de vacaciones siempre es genial”. O “Es imposible que unas vacaciones salgan mal” ya que jamás alguien me ha dicho que no hayan sido geniales.

Así que me fui dando cuenta de las cosas y pude reconducirlas. También tengo testimonio gráfico de ello…

Creo que existe un tabú en este tema, al menos yo no conozco muchos testimonios de ello. Así que aquí lo rompo.

No obstante, ha sido una experiencia muy chula y volveré a forzarme a viajar en unos meses para cambiar de aires y seguir haciendo ginkanas por el mundo.

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