Para cambiar las costumbres hay que cambiar las creencias

Porque son la base de las costumbres. No lo es porque somos animales de. Porque la repetición hace la fijación y vivir en automático nos facilita mucho la vida y nos rentabiliza esfuerzos.

Pero cuando estás convencid@, y te pones a practicar esos cambios, que ya parece que estás venciendo esa costumbre, aparecen otros obstáculos.

Desde que escribí “Se me olvida que me voy  a morir”, por poner una fecha, me he hecho consciente de que la vida es finita y esas cosas.

Cuando reflexioné sobre que “Hoy no es un día cualquiera” me di cuenta de que vivir día a día como una maratón llena de exigencias autoimpuestas, no es vivir.

Al pensar cómo podía poner más en práctica el carpe diem, llegué a la conclusión de que “Si quieres, puedes parar el tiempo” y me puse a ello.

Luego me encontré con que soy autónoma y eso genera muchas inseguridades, sobre todo por la falta de estabilidad. Una consecuencia directa suele ser trabajar a tope, sin parar y eso no mola. Fue cuando pensé que si “A ver si iba a ser la peor jefa que había tenido nunca”.

Así que cuando acabó el verano y éste casi acabó conmigo, decidí reestructurar el reparto de mi tiempo en mi día a día. Trabajar menos. Escribo esto y ya me estoy juzgando. Una voz dentro de mí  dice que es bueno ser muy trabajador. Lo he escuchado muchas veces. Fulana es muy trabajadora. Y yo quiero ser buena y digna, así que para ello tengo que trabajar  mucho.

¿Quién será ese hombrecillo que me dice esas cosas tan horribles?

¿Quién será ese hombrecillo que me dice esas cosas tan horribles?

La creencia de que “hay que ser muy trabajadora para ser digna” me enfrenta con mi nueva reestructuración del tiempo. Si quiero vivir más relajada. Si quiero vivir. Si quiero parar el tiempo. Si quiero disfrutar de vivir en Ansó… Y lo hago… ¿Entonces qué dice eso de mí? ¿Que soy indigna? ¿Que soy mala? ¿Qué soy una vaga? ¿Que valgo menos?

La respuesta a estas preguntas la doy yo. Y quiero decidir que sea un NO bien grande. Aunque mis creencias, los cimientos de mi forma de pensar, digan que sí.

Así que cuando ayer después de haber viajado y trabajado (pero menos de 8 horas) decidí pintar un rato, leer otro… Disfruté un montón. Tenía ahí una vocecilla cada cuarto de hora que me decía… ¿Pero no deberías currar un rato más? ¡Esto es demasiado ocio! ¡No puedes pasártelo tan bien tanto rato de día! ¡Hay que sufrir un poquito! 36 años y no tienes casa propia… Eso, eso, tú pinta y así seguirás… (¡Para flipar eh!)

Pero voy entrenando alguna otra voz que dice cosas mejores como… ¿Y lo bien que estoy, qué? ¡Esto es un gustazo! ¡Calla! Sigo con lo mío que no me interesa lo que dices.

Tú eliges a qué voz le das protagonismo.

Tú eliges a qué voz le das protagonismo.

Y también voy entrenándome en pasar de la voz de ese fiscal horrible que me dice que tengo que pasarlo mal y que no merezco ser feliz.

Cambiar los hábitos cuesta, pero cambiar las creencias cuesta más. Porque nos enfrentan a unos valores que no hemos escogido, sino que se nos han inculcado desde pequeños.

Pero como todo, se puede cambiar. Y cada vez cuesta menos. Es una cuestión de entrenamiento. Y os digo una cosa… ¡Lo bien que sienta no lo sabes hasta que no lo pruebas!

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Un comentario

  1. Muy bueno…a mi me ha tomado demasiado tiempo dejar e sentirme culpable y responsable por todos y deternerme un poco a pensar en mi y en el momento…como una maquinita que no puede parar…tengo un poco más de años que tú…y mas bien pienso en mi retiro y jubilación …cosa que medio espantó a mi esposo y se puso a buscarme “ocupaciones futuras” para ganar dinero…lo no tan gracioso fue que cuando le conté que no quería hacer nada más con la preocupación de ganar dinero, que con mi pensión me iba a bastar por que ya no tendría que mantener a nadie…me dijo que entonces se separaría…casi lo dejo yo de la rabia. Después de ir a terapia (obvio)..nos dimos cuenta de que era su ansiedad la que hablaba (no que me valorara solo por el dinero)…que tenía miedo de que me quedara sin nada…y que imaginaba escenarios apocalípticos, porque habíamos vistos casos complicados cercanos (y varios seguidos)…en fin…me dejó pensando qué frágiles que somos…cómo nuestro cerebro siempre tiende a teorizar sobre el futuro y nos olvidamos de vivir y disfrutar el presente.

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