Varias muertes en pocos días

Últimamente he tenido muchos momentos de reflexión sobre la muerte. Seis personas que conocía en algo más de un mes han fallecido.

Estas son cosas que pasan. Pero al vivir en un pueblo, como conoces a todo el mundo, te enteras más. Lo que no deja de ser muy llamativo es que se sucedan tan seguidas.

Y evidentemente, reflexiono sobre este tema. Es algo que he hecho en otras ocasiones y por las circunstancias, vuelvo a hacerlo.

Lo hago porque parece que se nos olvida. Que somos finitos, que algún día ya no estaremos aquí.

Seis personas que nunca más veré, que nunca más se beberán un vaso de agua, que nunca más se enfadarán ni se rascarán la espalda.

Yo no concibo que algo exista hoy y mañana ya no. Que exista ahora y dentro de un minuto no. No nos educan para ello. No nos avisan. Quizá si fuera así, viviríamos de otra manera.

Y por mucho que sea algo que sucede todos los días, siempre me sorprende. Me pilla desprevenida. A lo mejor, con el paso del tiempo, te acabas acostumbrando… No sé. Al volver del cementerio la última vez, un hombre mayor bromeaba con que “ya había otro apuntado”. Y es verdad. Nadie sabe quién será. Podemos ser cualquiera. Pero me gusta que este tema se pueda tomar con humor.

Sin embargo… ¿Vivimos como si esto se fuera a terminar en algún momento? Yo lo intento, pero tengo el vicio de darle importancia a cosas que no la merecen.

Parece que pensar en la muerte es una fórmula para relativizar las pequeñas cosas que creemos que son problemas, y no lo son.

Normalmente, esto es lo que hacemos con los problemas. (Ilustración de Una tal Carlota)

Normalmente, esto es lo que hacemos con los problemas. (Ilustración de Una tal Carlota)

Pero por muy presente que tenga esto, no me acostumbro a usarlo. Es decir, estamos tan alienados por el pasado y por el futuro que nos es muy difícil acordarnos de eso. Se me sigue olvidando que me voy a morir.

La verdad es que la vida es un juego en el que pensamos que ponemos las normas, pero no es así para nada. Pensamos que el ser humano puede controlarlo todo, pero no. Creo que deberíamos vivir con más humildad. Tenemos una presencia en este mundo con una duración ínfima, en comparación con la historia de este planeta. Como dice María Belón, la vida es un ratito.

Ya que estamos aquí, deberíamos jugar a este juego. Vivir de verdad. Disfrutarlo todo. Aceptar lo que venga, aunque no nos guste. Apreciar la belleza. Querernos más, a nosotr@s mism@s y a l@s demás. Sorprendernos cada día con la maravillosa oportunidad que tenemos de vivir. Enfadarnos menos. No alimentar al ego. Reírnos de nosotr@s mism@s. Aprender. Dar de nosotr@s lo mejor cada día. No quedarnos con las ganas.

Sirve para todos los días.

Sirve para todos los días.

No vivir con prisas, ni con miedos. Dejar el estrés a un lado y pasar más tiempo haciendo lo que nos gusta. Necesitar menos, trabajar menos, gastar menos.

Que todo esto debe ser más sencillo.

Porque lo que no sobra nunca es el tiempo. Y cuando llegue ese momento, morirte tranquil@. Cuando acabe la partida, decirte a ti mism@ “bien jugado”. Sin arrepentirte de no haber hecho eso que finalmente sí hiciste. Que la gente diga que viviste como quisiste. Que has muerto feliz. Y que te quiten lo bailao.

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