¿Sabes qué sienten tus hij@s cuando sientes pena por ell@s?

El otro día compartí este vídeo en Facebook y ha suscitado alguna que otra reacción inesperada para mí.

El objetivo de la publicación era mostrar cómo la constancia se podía desarrollar desde muy pequeños. Vemos a una niña tratando de subir de un salto con los pies juntos a un taburete.

Tras varios intentos, probablemente en el vídeo no salen todos, lo acaba consiguiendo.

El subtítulo que acompaña el vídeo, escrito en inglés, viene a decir algo así como “voy a ver este vídeo cada día el resto de mi vida”.

A mí es lo que me transmitió. Motivación, perseverancia, constancia, esfuerzo, fuerza de voluntad. Valores, todos ellos, muy necesarios para conseguir los objetivos, las metas, los sueños.

Pero no todas las interpretaciones pueden ir por ahí. Alguna carita triste ya cayó en la publicación. También algún comentario de “ay, pobre…”.

Ya he hablado alguna vez de las emociones que hay que tratar de evitar en la educación y ésta es una de ellas. La pena.

Aparte de la pena, hay alguna otra que también es fastidiosa.

Aparte de la pena, hay alguna otra que también es fastidiosa.

¿Podría comer por sí misma esta niña si hubieran sentido pena por ella?

¿Se habría convertido Jennifer Bricker en campeona si la pena hubiera inundado a sus padres adoptivos?

¿Bailaría así esta niña?

¿Creería en sí misma esta otra?

La respuesta es no. En absoluto. ¿Por qué sentimos pena? Muchas veces, porque interpretamos que hay sufrimiento. Y el sufrimiento es una emoción adulta. L@s niñ@s no sufren. Sufrimos l@s adult@s, que con nuestra mente alargamos nuestro dolor. Porque lo recordamos, nos regocijamos en él. Pero l@s niñ@s viven el presente. Algo les puede doler, pero no sufren.

¿Hay sufrimiento en esta niña? No. ¿Hay dolor? Probablemente, en algunos de los golpes que se da. ¿Hay esfuerzo? Sí. El necesario para conseguir un objetivo. Por su reacción cuando consigue subirse de un salto a la banqueta, parece que es un objetivo que quería lograr. Con lo cual, ¿dónde está la pena? Donde la queramos ver.

La pena crea víctimas. La pena crea dramatismo. La pena nos hace sentir mal. No exigirles a l@s niñ@s según qué esfuerzos porque nos parecen dolorosos, es peligroso porque podemos sobreprotegerles. Ojo, que sobre las exigencias y las correcciones también he escrito cosas y hay que ser equilibrad@ a la hora de ponerlas en práctica, pero ni un extremo ni otro.

Cada vez que tu hij@ te dé pena, piensa que tu pena le debilita porque percibirá que le ves como una víctima. La pena se combate con confianza. Confía en que saldrá de ésta. Proporciónale herramientas y recursos. Quiérele de todas formas. Pero no actúes movid@ por la pena porque eso te hará sobreprotegerl@ y provocarás su debilidad.

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