Quizá no nos pasa todo lo que deseamos, ¿pero y si nos sucede lo que necesitamos?

“Nuestro error es juzgar lo que la existencia pone delante de nosotros constantemente. Quizá no nos pasa todo lo que deseamos, ¿pero y si nos sucede lo que necesitamos?”

Albert Ureña

Esta frase me parece excelente. Y en ella me voy a basar para el post de esta semana.

Es lo que hay. C’est la vie. Let it be. Tres frases en tres idiomas diferentes, con un significado muy parecido que nos instan a aceptar. Aceptar lo que la vida nos trae. Así es la vida. Deja que sea.

Te lo puedo decir en euskera también.

Te lo puedo decir en euskera también.

Y seguro que en otras lenguas hay frases muy similares porque en todos los países y culturas esta frase ha surgido en un momento, quizá no muy agradable, para superarlo.

La aceptación de las cosas que suceden, de las cosas difíciles, duras, desagradables, dolorosas, frustrantes… Nos hace madurar. Nos invita a dejar de resistirnos ante una realidad. Un proyecto truncado, una relación rota, una pérdida inesperada.

Lo que nos sucede no es bueno ni malo. Es. En el momento que lo evaluamos, lo juzgamos o entramos en valoraciones, nuestra emoción hace que lo veamos como algo deseado o repudiado. Verlo como bueno… no sé si puede tener alguna desventaja, pero verlo como malo, seguro.

Nunca se puede volver atrás para evitar algo, pero muchas veces nuestro pensamiento se enreda en esa estructura del “si hubiera…” tan tóxica e inútil. O en la de “¿Y por qué me ha tenido que pasar esto a mí?”. También es muy típico lo de “es que no entiendo cómo me ha pasado esto”. Esto es lo que nos dice nuestr@ niñat@ interior.

En parte, sólo en una pequeña parte, sirve pensar esto para detectar qué ha fallado y tratar de no repetir el error. Pero una vez pensado esto una vez, no hay que volverlo a pensar porque entonces nos metemos en un embrollo del que es difícil salir y nos desgasta mucho por el camino.

Pensamos que esta vida es “a la carta”, que podemos escoger todo lo que queremos. Y en parte es así. Yo os hablo mucho del poder de la visualización y de cómo conseguir los objetivos que nos proponemos. Pero se nos olvida que por el camino nos vamos a encontrar de todo.

Tú diriges, pero sabiendo dónde te estás metiendo.

Tú diriges, pero sabiendo dónde te estás metiendo.

La vida es una gincana. Tienes que pasar pruebas de todo tipo para alcanzar tu objetivo. Y a veces a mitad de camino te das cuenta del que la meta en cuestión no te merece semejante esfuerzo. Y está bien renunciar.

El error es pensar que lo que queremos conseguir va a ser fácil, rápido y/o cómodo. Porque entonces ahí la FRUSTRACIÓN  es así, mayúscula. Es una cuestión de expectativas.

10403427_1135102729840259_7984369801160877502_n

Es necesario ser realista cuando nos planteamos un objetivo. Si quieres resolver un problema que lleva enquistado años, su resolución no será rápida. Si una relación se ha roto tras un desgaste de años, es muy probable que tarde mucho tiempo en mejorar. Si quieres poner en marcha un proyecto arriesgado, adelante. Pero probablemente a la primera no saldrá. Paciencia con los resultados. Constancia con los proyectos.

Por otro lado están las cosas que suceden en nuestro día a día. Algunas agradables, otras no tanto. Hay quien las llama “imprevistos”. Realmente es la vida. Y lo mejor de todo es que, gracias a cosas que en un principio nos resultaron una noticia horrible o una autentica desgracia, otras mucho mejores nos han acabado pasando.

No sería la primera vez...

No sería la primera vez…

Como os contaba hace un año sobre mis vacaciones en Mallorca, mientras te empeñes en que te pase lo que has idealizado, nunca podrás disfrutar de lo que realmente te está pasando.

Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *