El acoso no siempre tiene forma de acoso

¿Habéis visto el nuevo corto de Pixar? Se llama Lou y es majete. Pero no refleja, desde mi punto de vista, la realidad del acoso.

Desde que empecé a trabajar por mi cuenta con este proyecto de Bienpensar, más de la mitad de las terapias que hago con padres, madres, niños y niñas, son para solucionar temas de acoso.

En mi caso, no son temas de agresiones físicas o verbales flagrantes. No hay palizas ni les roban el almuerzo. No les persiguen por los pasillos ni les pegan chicles en el pelo. Es algo mucho más sutil.

Un acosador puede tener un pinta de lo más angelical.

Un acosador puede tener un pinta de lo más angelical.

L@s niñ@s ya saben que esas cosas no se pueden hacer. Además, saben que eso les traería problemas. Castigos.

Las conductas de los acosadores son mucho más sutiles. Son más de marginar, de incordiar, de molestar… Están en el limbo, se encuentran en un “vacío legal”. Por eso se dilatan tanto.

En los coles, muchos docentes no tienen herramientas para gestionar estas situaciones. Se siguen viendo como cosas de críos. Este fenómeno sucede porque estas conductas son tan sutiles, que no llaman la atención y por lo tanto, no son evidenciadas. Burlas que se revisten de bromas. Actitudes que copian de los adultos, como por ejemplo describir las conductas de sus compañeros constantemente: “Fulanito, vas muy lento”, “Menganita, no canturres mientras pintas que me molestas”, “Zutanito, tus chistes no tienen gracia”.

Sí, muchas de estas actitudes las copian de l@s adult@s. Muchas veces no somos respetuosos con l@s crí@s. Pero eso no significa que permitamos que ell@s lo hagan también. Hay muchas sutiles faltas de respeto en el día a día.

“Jugar” a irse corriendo de un sitio cuando llega esa niña a la que alguien le ha cogido manía, es otra conducta de ese tipo. Porque además, no hace falta que todos vayan en contra de alguien. Existen los líderes tóxicos, listos y manipuladores que con majestuosa sutileza consiguen que sean los demás quienes hagan la puñeta a quien quieran. Hecha la ley, hecha la trampa.

Mientras duran estos comportamientos, la autoestima de la víctima, del acosado, se va resquebrajando. Su necesidad de sentirse acompañad@, aumenta. Con lo cual, se dejan hacer esas cosas, porque con esas edades, lo de más vale solo que mal acompañado, no sirve. Es difícil desarrollar asertividad cuando la autoestima está siendo dañada todos los días.

La soledad en la infancia es muy dura. Las relaciones sociales tienen una gran importancia en el desarrollo emocional, en la autoestima, en el autoconcepto.

Tenemos una gran responsabilidad l@s adult@s que estamos con niñ@s. Debemos aprender a ser más respetuos@s con ell@s. Aprender a detectar este tipo de comportamientos, esta hostilidad de baja intensidad. Porque l@s niñ@s no saben que están siendo irrespetuosos ni que se les está faltando el respeto. Debemos ser l@s mayores quienes pongamos los límites.

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Abramos bien los ojos. Hay much@s niñ@s que están librando una batalla diaria. Hagámosla visible y parémosla.

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