Arugamama

¿Habíais escuchado este término alguna vez? Yo lo he leído en el libro de Rafael Santandreu “Las gafas de la felicidad”. Y me ha encantado.

Es un término japonés que significa “armonizarse con la naturaleza”. Así de primeras a lo mejor tampoco os transmite gran cosa, aunque a poco que lo practiques ya es beneficioso. Para mí la naturaleza siempre ha sido un referente, no sólo un lugar al que ir o del que disfrutar, sino para entender el mundo.

La naturaleza nos da lecciones sin parar.

La naturaleza nos da lecciones sin parar.

Siempre pienso que si la naturaleza ha hecho algo de una manera, es porque tiene que ser así. Observar su lentitud, mejor dicho su ritmo, me da a entender que ése es el adecuado y no la locura en la que vivimos nosotr@s.

El hombre siempre ha tendido a controlarlo todo pero siempre habrá cosas de la naturaleza y del factor tempo que nunca conseguirá, afortunadamente.

Así que, como seres que provenimos de la naturaleza, practicar aguramama creo que puede ser muy beneficioso. Tiene que ver mucho con la aceptación. Cuando es verano hace calor. Cuando es invierno, hace frío.

Aceptar es lo contrario a quejarse, a luchar, a pensar que algo es injusto. Perdemos mucho tiempo y energía de nuestra vida no aceptando. Nos resistimos. Queremos cambiar a las personas, a nuestras parejas, a nuestros padres, a nuestr@s hij@s… Como si pudiéramos… Pretender cambiar a alguien es partir de la premisa de que tú sabes lo que es mejor para esa persona… No somos mejores que nadie.

Tú mejórate en lo que puedas, a los demás, déjalos en paz.

Tú mejórate en lo que puedas, a los demás, déjalos en paz.

Es importante aceptar las cosas que nos pasan, las emociones que sentimos… Muchas veces, además de sentir una emoción desagradable, nos enfadamos o nos molesta sentirla. Por ejemplo, enfadarte con alguien y además, enfadarte por haberte enfadado. O sentir que podías haber pedido más por una propiedad que vas a vender y además, molestarte por ello. Las emociones desagradables nos dan información válida. A veces podemos negar que las sentimos por creencias irracionales como “si siento determinada emoción soy una persona débil”. Pero el primer paso para gestionarlas es aceptarlas. Y si sientes eso, pues lo sientes, ¡y no pasa nada!

Abraza tu parte oscura y la liberarás.

Abraza tu parte oscura y la liberarás.

Nunca vamos a dejar de sentir emociones desagradables mientras estemos viv@s. Está en nuestra mano disminuir su intensidad. El primer paso para ello es aceptar que las sentimos y el segundo saber que se te van a pasar, que tienen una duración determinada.

Cuanto más rechaces tu emoción, más te va a durar. Cuando yo estoy sintiendo una emoción desagradable, intento poner en práctica buenos pensamientos para sentirme mejor. Pero he descubierto que eso no da resultado. La emoción tiene una duración determinada. Si dejo que mi cuerpo la sienta, se me pasa antes. Si empiezo a luchar en su contra, se queda. Cuando ya estoy tranquila, trato de entenderla. De encontrar la creencia que subyace en mi pensamiento para sentir esa emoción y poder cambiar la creencia. Pero ese ratito “malo” no me lo quita nadie. Y, además, tampoco es tan malo.

Así que a aceptar lo que nos venga, porque… ¡Es lo que hay!

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