Educa tu mente

Recuerdo perfectamente el día que decidí empezar a pensar bien para sentirme mejor.

Fue hace cosa de siete años. Yo entonces trabajaba en un centro de menores y vivía en otro pueblo. Llamé a una amiga por teléfono. Era una amistad que aún no estaba muy asentada. A mitad de llamada, se cortó. Mi primer pensamiento, rápido como él solo, fue “como quizá no le caigo tan bien a ella como ella a mí, ha colgado”. La verdad es que ahora lo pienso y alucino con mi lógica a la hora de sacar conclusiones, ¡qué ceniza!

En aquel momento me di cuenta de que esa conclusión, fuera verdad o mentira, no me hacía sentir bien. Así que decidí pensar que se habría cortado y ya está. Esa explicación me hacía sentir mejor. Me daba igual lo que hubiera pasado realmente en ese momento. Si esa amistad iba a prosperar, ya lo vería con el tiempo. Pero no me quería quedar con una sensación desagradable.

Piensa mal y acertarás. ¡Cuánto daño nos ha hecho esta frase! Y sigue haciéndolo… Lo compruebo en alguno de los cursos que doy… Es una creencia venenosa a más no poder.

Sigo leyendo a Rafael Santandreu y me encuentro con un concepto. Educar la mente. Me encanta. No es nuevo el significado, pero me gusta llamarlo así. Trabajar la inteligencia emocional es una forma de educarla.

Nada es verdad ni mentira...

Un buen libro para educar tu mente.

Aprender a pensar. Pensar bien. Son todo conceptos que indican lo mismo.

Cambiar la forma de pensar no es fácil si no sabes cómo. Si experimentas sus efectos, se hace más sencillo. Si sabes cómo funciona la gestión de emociones, se puede. Y si sabes qué beneficios le encuentras a hacerlo mal, también.

En este esquema, lo que cambio es las creencias.

En este esquema, lo que cambio es las creencias.

este caso, ¿qué de bueno tiene el “malpensar”? Los perjuicios para mí están claros: te sientes peor, desconfías, atraes tus miedos, acabas provocando lo que temes… Pero también tiene una cosa “buena” muy importante. Que te protege.

No te creas todo lo que te dice.

No te creas todo lo que te dice.

La desconfianza te mantiene falsamente a salvo de supuestas amenazas.

Si un amigo me ha dicho que no puede quedar hoy conmigo pero de repente me lo encuentro por ahí, seguro que quiere evitarme.

Si no me llaman de la entrevista de trabajo que tuve, es porque no me lo van a dar.

Si llego a una cita en la que había quedado con más gente y no hay nadie, se habrán ido sin mí.

¿Qué creencias subyacen a estas conclusiones?

  • La gente es mala.
  • No se puede confiar en los demás.
  • No soy suficientemente importante.
  • El engaño es algo muy común entre las personas.

No significa que haya que sustituir estas creencias irracionales por las contrarias. Ni “todo el mundo es bueno”, ni “soy la persona más importante del mundo”, ni “es bueno confiarse”.

Quizá otras creencias más sanas serían las siguientes:

  • Hay de todo en este mundo, pero a la gente hay que darle tiempo y conocerla.
  • Hacer suposiciones no suele ser una buena forma de interpretar el mundo.
  • Todos somos igual de importantes.
  • Cómo me traten los demás no define mi valía.

Educar la mente supone utilizar creencias sanas para interpretar la realidad. ¿Qué te parece poner éstas en práctica?

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