Exceso de correcciones

Este post va dirigido a los padres y las madres que quizá no se sienten bien por ser demasiado exigentes con sus hij@s. Para l@s que luego se arrepienten de haberse pasado un poco. Lo ideal está siempre en el punto medio.

Hace no mucho escribí sobre el tema de la exigencia. Exigencia y control van bastante de la mano. Poner límites desde el estilo educativo democrático, es una forma de exigir proactivamente. Teniendo en cuenta al niño, su opinión y que el límite sea razonable.

Pero hay otras formas de poner límites. El enfoque autoritario se definiría más por no dejar participar al niño en el establecimiento de esa exigencia. Y como no sabe por qué tiene que comportarse así o simplemente le gustaría tener la libertad de hacerlo, hay que estar encima y controlarlo. Sentirte controlad@ para mí es una sensación bastante desagradable.

Amor y límites equilibradamente, una buena fórmula de educar.

Podríamos decir que es una falta de respeto en el mundo adulto. También lo es en el infantil.

Como muchas veces digo cuando hablo de conflictos, es importante escoger el número de batallas en las que te metes. Incluso podría decir que, más que meterte, las puedes hasta estar creando.

Que tu hij@ meta el pie en un charco. Que se suba a un montículo de arena. Que haga burbujas en el batido de chocolate con la pajita. Cosillas del día a día. ¿Graves? No… ¿Consecuencias? Ensuciarse, manchar algo… ¿Son graves esas consecuencias? Tampoco. Entonces, ¿por qué estar tan encima? No defiendo la permisividad, pero tampoco el acoso. A cada edad es bueno ir dejando que l@s crí@s vivan las consecuencias de sus actos. Mancharse no les suele importar y si acaso se mojan los pies, como mucho irán incómod@s un rato.

Irá con los pies mojados.

Irá con los pies mojados.

Estar todo el tiempo diciendo “no hagas esto”, “bájate de ahí”, “hazme caso” genera un clima de crispación. No mucha, no muy intensa. Pero desgasta. Es una batalla de baja intensidad que lo que hace es crear un caldo de cultivo para que el conflicto surja con más facilidad. Porque a nadie le gusta que le estén recordando todo el tiempo lo que hace mal.

papa-ecologico

Hay otras formas mejores que la orden o la amenaza para intentar que se comporten de otra manera. Primero, porque tienen más efecto y segundo porque no deterioran la relación entre padres e hij@s.

Es importante ver si realmente lo que les estamos diciendo que hagan o no hagan, es necesario decirlo o no.  Plantéate las siguientes preguntas: ¿Por qué no quiero que haga esto?

  • Si la respuesta es que perjudica a los demás, puede ser dañino para tu hij@ o puede generar consecuencias irreversibles, puedes intervenir.
  • Si la respuesta es porque preferirías que lo hiciera de otra manera, es mejor que no lo hagas, porque te estás metiendo demasiado. Necesitan libertad de actuación. Experimentar las consecuencias de sus actos. Sentir que deciden por ell@s mism@s. Es bueno para su autoestima que no intervengas tanto.

Si lo que pasa es la primera opción, les puedes recordar lo que les puede pasar si hacen algo que no es bueno para ell@s, las consecuencias que van a tener. Pero las naturales, no las que les impongamos.

El tono autoritario y controlador puede ser útil en situaciones puntuales, pero es mejor no abusar de él. ¿Cómo te sentirías si tu jef@ estuviera todo el tiempo controlando lo que haces y diciendo lo que puedes hacer mejor? Yo amargada. No tendría ganas de ir a trabajar.

Pues si pensamos en que estamos hablando de niñ@s y que además las personas que les tratan así son su padre o su madre… La emoción será más desagradable aún que la amargura posiblemente. Un poco de manga ancha… ¡no viene mal!

Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *