¿Para qué sirve la muerte?

Vivimos de espaldas a la muerte. Y no será por la cantidad de gente que se muere cada día…

La muerte sigue siendo un tabú. El otro día compartí este artículo del juez Calatayud y hubo varios comentarios al respecto de lo desagradable de la muerte y lo innecesario de llevar a los niños a un funeral. Quizá si viviéramos la muerte con mayor naturalidad, no nos pillaría tan por sorpresa.

A mí la muerte me ronda por la cabeza desde hace algún tiempo. ¿Os acordáis del artículo “Se me olvida que me voy a morir”? Pues ahí sigo…

La muerte es el final.

Hay un final. Sí, somos finitos. Cualquier día nos acabamos.

El tiempo se va, se va...

El tiempo se va, se va…

Y una vez que vamos asimilando esto, poco a poco, día a día, empezamos a darle la importancia justa a las cosas.

Roy Galán me hace reflexionar mucho sobre este tema, me ayuda a ver la parte positiva de la muerte. Positiva o útil… Yo soy muy práctica que la funcionalidad de las cosas me da tranquilidad. Así que, ¿para qué sirve la muerte? Jo, parece que le vaya a dar significado a la pregunta “¿cuál es el sentido de la vida?”, ¡jajaja!

Pues creo que la muerte sirve para que vivamos mejor.

Emilio Duró dice que una de las causas de la infelicidad es la esperanza de vida. Que al haberse alargado, no valoramos las cosas no les damos importancia y dejamos para mañana todo lo que nos hace felices.

Para la jubilación. Para después. Quizá, ese futuro nunca llegue. Y no pasa nada.

Lo único que tenemos ahora es el presente. El presente es un regalo. Ve el vídeo de Mújica tantas veces como haga falta. Trabaja menos. Piensa menos. Haz menos. Intenta estar un poco más. Sentir un poco más. Respirar un poco más.

No hay nada seguro en esta vida. La vida no da garantías. Puedes quedarte sin trabajo aunque seas funcionario. Te puedes quedar sin casa aunque la tengas pagada. Puedes perder tu pareja aunque os jurarais amor eterno. Puedes quedarte sin pierna aunque nacieras con ella.

Es bastante probable que te mueras de viej@. Pero no que todas las muertes que vivas sean así. Por estadística, más de una vivirás a tu alrededor que sea repentina. Dolorosa. Traumática.

Así que enfádate lo justo, valórate mucho, agradece que sale agua del grifo, que funciona la calefacción, que puedes hablar de lo que te dé la gana, que no te haces pis encima, que hay gente que te quiere, que el aire aún se puede respirar.

Dale menos importancia lo que piensen los demás de ti, hazte ese peinado aunque te dé vergüenza, baila aunque no sepas, dile que te gusta, haz ese viaje, manda a tomar viento a ese jefe que te menosprecia, date ese capricho.

Busca todas las espinitas que tengas y sácatelas porque no dan ningún premio por sufrir en esta vida y disfrutarla es un premio en sí.

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Un comentario

  1. Los seres humanos no hemos llegado a aceptar la muerte como parte del ciclo de la vida. Pretendemos ser eternos. Preferimos no pensarla o sobrepensarla, en lugar de disfrutar del camino plenamente y en buena onda (no irresponsablemente). Nos creemos el centro del universo en lugar de parte de algo más grande (y no hablo de religión si no de ecosistema). No encontramos nuestro lugar ni cómo dejar huella. Tanto cerebro para a veces desperdiciarlo en vida.

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