Ser permisiv@ no es una forma de dar amor

Lo puede parecer, pero no lo es.

A l@s niñ@s, en sus infancias, les pasan cosas desagradables. Y los adultos reaccionamos de diversas maneras. Dependiendo del dolor que interpretemos que están experimentando. Comprensivos, compasivos, permisivos, duros, estrictos, empáticos… Dependiendo cómo lo hagamos, estaremos educando de una manera u otra.

Las experiencias desagradables o duras que puedan tener l@s niñ@s no pueden influenciar en la forma de educarles.

Cuando viven experiencias como la muerte de un progenitor, una separación traumática, una enfermedad grave, puede haber cierta tendencia a compensar esa “desgracia” con ser más permisivos.

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Y eso es un gran error.

Porque la permisividad lo que fomenta es, entre otras cosas, la no maduración. Si crees que un niño por lo que le ha pasado puede ser más infeliz, permitiéndole cosas, lo vas a hacer más desgraciado aún.

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Ell@s, como niñ@s que son, van a aceptar esa permisividad de mil amores. Te van a recompensar con sonrisas, besos, abrazos y cariño. Que esas muestras de supuesta felicidad no te engañen. Su obligación evolutiva es buscar el límite de hasta dónde pueden llegar. Ver lo que pueden sacar de ti (no son egoístas, simplemente están buscando límites) forma parte de su desarrollo saludable. Y puede que incluso traten de “sacarle provecho” a ese hándicap que hace que tú sientas pena por ell@s.

Algo que digo muchas veces, para evitar que la pena sea una (mala) consejera de las decisiones educativas, es que interpretamos más sufrimiento en l@s niñ@s del que realmente experimentan. Por lo general se reponen mejor de sus heridas que l@s adult@s. Pero si nos dan pena, les dejaremos que hagan cosas que no deberían. Comer más helado. Exigirles menos con los estudios. Ayudarles en todo. No tener responsabilidades. Dejarles salir hasta más tarde. Atarles los cordones aunque ya sepan.

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Mimarles con cariño, comprensión y escucha es estupendo. Ser permisivos con la expresión de sus emociones les irá genial. Pasar más tiempo con ell@s, tener más paciencia, tratar de ser empátic@s, no tomarnos las cosas de forma personal, les puede beneficiar.

Pero con los comportamientos irrespetuosos, irresponsables o los que no favorecen su maduración, no es bueno ser permisivos. Porque les estás impidiendo que se desarrollen adecuadamente. Les estás mostrando algo que no es real. Y luego los resultados pueden ser fatídicos. Más vale vicio no dar, que vicio quitar.

Para terminar, si no la habéis visto, os recomiendo Verano 1993, una película basada en la infancia de su directora, Carla Simón. Quedó huérfana con 6 años y la acogieron unos tíos suyos. La forma de educar de la madre adoptiva es muy adecuada y me sirve como ejemplo de todo lo que os he estado contando.

La madre adoptiva, el papel más difícil.

La madre adoptiva, el papel más difícil.

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