Una cosa es paciencia y otra, que te tomen por el pito del sereno

Desde hace un tiempo sigo a Carlos González. Es un pediatra con el que tengo puntos de vista en común, aunque otros no. El otro día encontré este vídeo que me parece muy interesante mostraros.

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Cuanto más te enfades, peor resolverás un conflicto

El conflicto es algo inherente a la vida. Los tenemos con nosotros mismos, con las circunstancia que nos rodean, con nuestros compañeros de trabajo, con nuestra familia, con nuestra pareja, dilemas morales… Y, cómo no, con los hijos.

Cuanto más estrecho es el vínculo que te une a la persona con la que tienes el conflicto, más difícil es solucionarlo. ¿Por qué? Porque es más fácil que nos lo tomemos como algo personal. Y cuanto más personales te tomas las cosas, peor, menos autocontrol tienes para gestionar la situación.

Tal y como he empezado diciendo, hay que partir de que los conflictos no sólo son inherentes a la vida, sino que son oportunidades de mejorar las situaciones. ¿Cómodos? No, pero negarlos no va a hacer que desaparezcan y antes o después se pueden volver en nuestra contra.

Cuando padres y madres me hacen consultas sobre conflictos que tienen con sus hijos, hay un componente de enfado por el simple hecho de que surja el conflicto. Y eso ya es lo primero que nos dificulta poder solventarlo adecuadamente. No es que haya que alegrarse, simplemente hay que aceptarlos como vienen.

Enfadarnos nos resta poder.

Enfadarnos nos resta poder.

De cómo reaccionemos ante los conflictos, dependerá cómo nuestros hijos aprendan a reaccionar. Sean del tipo que sean. En general, hay que enfadarse menos, en el momento oportuno y con la persona adecuada. Cuanto más tranquilos estemos, más eficientes seremos a la hora de resolver el problema que sea.

Podemos enseñarlas a resolver conflictos si nosotros los resolvemos adecuadamente.

Podemos enseñarlas a resolver conflictos si nosotros los resolvemos adecuadamente.

¿Qué hacer entonces para resolver los conflictos adecuadamente?

  • No te tomes nada como personal. Muchas veces padres y madres comentan sobre sus hijos “me ha suspendido dos”, “me ha pisado todo el fregado” o frases por el estilo. Al igual que la gente no nos hace cosas, sino que la gente hace cosas que nos sientan de una u otra manera, con los hijos es lo mismo. Vigila tu lenguaje interno, porque en función de cómo te cuentes lo que sea que te haya pasado, tu reacción podrá ser más o menos controlada por ti.
Escoge un lenguaje interno constructivo.

Escoge un lenguaje interno constructivo.

  • Esto supone ver el conflicto a solventar no como un agravio contra ti o como una desobediencia a tus normas, sino como algo aparte de ti. Como algo entre tú y tu hijo que hay que solventar pero no como una lucha de razones o una comparación constante de argumentos.
  • Escuchar. Dejar que ambas partes hablen desde su visión, tanto de lo que sienten como de lo que piensan y si es en este orden, mejor. Es más fácil entendernos cuando hablamos de cómo nos sentimos porque ahí nos mostramos más vulnerables y abiertos y esto suele generar en el otro empatía y apertura. Si sólo nos comunicamos desde la razón, es más fácil que el otro pretenda convencernos o tener su razón.
  • Piensa que cada vez que reacciones de esta manera ante la resolución de un conflicto con tu hijo, le estarás enseñando formas mejores de que él los gestione, cosa que va a ser muy beneficiosa en sus relaciones.
  • No evites el conflicto, pero tampoco lo busques.
  • Hay que saber darse cuenta de en qué jardines nos metemos y si estamos dispuestos a llegar hasta el final. Si estás cansad@, si has tenido un mal día o si no tienes muy claro lo que hay que solventar, no te metas en materia. Que la resolución de conflictos tenga un poco de planificación y que tú te encuentres en tus mejores facultades para ello.
Si tienes un mal día, aborda el conflicto en otro momento.

Si tienes un mal día, aborda el conflicto en otro momento.

  • Es importante que tengas claro el conflicto, delimitado, bien explicado. No todo lo que te molesta son conflictos.
  • Una vez que vayas dominando el arte de resolver conflictos, puedes incluso empezar a prevenirlos. Como por ejemplo, no anticipando acontecimientos con niños pequeños sobre planes que tienes en el futuro que no sabes si se van a poder materializar o no dar opciones si en el fondo lo que quieres que hagan es lo que tú quieres.

Espero que estas pautas os sirvan para manejaros mejor en vuestro día a día con los conflictos y si hay algo que se me escapa o algún ejemplo concreto que no sepas cómo afrontar, estaré encantada de responder tus dudas.

Digo que no menos de lo que querría

Lo admito. Soy consciente. Creo que lo hago porque sigo dependiendo de la aprobación ajena más de lo que me gustaría. Y sé que la base está en la autoestima. Estoy en ello, trabajándomela, pero al igual que las relaciones hay que cuidarlas, la que tenemos con nosotros mismos, también.

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