Eso que nos irrita tanto de los demás…

Cada vez que me sacaba de quicio que una persona exigiera su máxima comodidad para estar bien al margen de que estuviera entorpeciendo a los demás, estaba proyectando. Porque a mí también me gustaría estar comodísima, pero me han ensañado que tengo que ser sufrida y lo soy, pero no por voluntad propia.

Cuando me molestaba que alguien a nivel académico o profesional intentara algo que yo no había hecho, estaba proyectando. Porque era algo que yo no me había atrevido a hacer y me lo pasaba por los morros que sí se puede.

¡La envidia no es tan mala!

¡La envidia no es tan mala!

Cuando no soportaba que alguien le echara mucho morro a la vida, estaba proyectando. Porque a mí me hubiera gustado hacerlo, pero era más importante el qué dirán, que lo que yo pudiera conseguir.

Cuando criticaba a alguien por ser tan empalagosa con su pareja, estaba proyectando. Porque a mí me gustaría que la mía fuera más cariñosa conmigo, pero como voy de progre e independiente por la vida, no permitía que fuera así.

¿Por qué te molesta tanto?

¿Por qué te molesta tanto?

Cuando se me soltaba la lengua para poner a caldo a una chica con una vestimenta estrafalaria que veía por la calle, estaba proyectando. Porque yo me estaba reprimiendo de vestirme de alguna manera menos convencional, pero no me atrevía.

Cuando señalas a otro, tres dedos apuntan a ti.

Cuando señalas a otro, tres dedos apuntan a ti.

Cuando me contaban que alguien se había ido a vivir a un pueblo y yo, con condescendencia y altivez, pensaba “a ver cuánto dura”, estaba proyectando. Porque yo también quería, quería muchísimo hacer lo mismo, pero me había convencido de que sería incapaz de lograrlo.

Con lo bien que estoy ahora yo en el mío...

Con lo bien que estoy ahora yo en el mío…

Ahora soy consciente de todo esto, y esa crítica, esos juicios, esa rabia, los he convertido en información útil para mi vida. Es como utilizar la basura como combustible. Al igual que cuando os hablé de la envidia, cada vez que proyectamos, podemos obtener un montón de información sobre nosotr@s mism@s.

Negar que proyectamos, como negar la envidia, son actitudes normales, pero hay que gestionarlas adecuadamente. No debemos juzgarnos por ello. Todo el mundo proyecta, todo el mundo siente envidia. Y NO ES MALO.

Aceptar que proyectar es un mecanismo de defensa, puede facilitar que aceptemos con mayor facilidad la información que nos proporciona la propia proyección. Ganaremos en autoconocimiento, autoestima y humildad entre otras.

De verdad, cada vez que algo te saque de quicio, párate a pensar, ¿por qué me molesta tanto esto? ¿Lo hago yo? ¿Qué tiene que ver conmigo? Porque una cosa es que algo te moleste porque es una falta de respeto o porque le molestaría a cualquiera, no son este tipo de cosas a las que me refiero. Sino a las experiencias que te tocan especialmente, que te enervan y que no puedes controlar que te irriten tanto.

Una vez, en pleno verano, una amiga iba con botas de agua, eran muy chulas, eso sí, pero no llovía y no era un calzado muy apropiado para esa época del año. Las llevaba casi todos los días. Y un día, tomando algo en un bar, vio a otra chica que no le caía muy bien que llevaba un corsé, era bastante original y no le quedaba nada mal. A mi amiga le faltó tiempo para comentar que era muy poco apropiado ir con esa prenda. Todos los que estábamos alrededor, tuvimos que hacer alusión a su calzado, ya que puestos a escoger… era menos adecuado que el corsé de la otra chica.

Con esto quiero decir que muchas veces  no vemos lo que está a los ojos de todo el mundo y que si nos queremos engañar, podemos hacerlo, pero es mucho más práctico no hacerlo.

¿Quiero mejorar por mi bien o para ser más perfecta?

Pues está muy bien que te preguntes esto, porque dependiendo de la respuesta tendrás éxito o no.

¿Por qué? Porque de la intención que tengas, depende todo.

Porque cuando lo haces por tu bien, lo haces por ti. Y cuando lo haces para ser más perfecta, lo haces por los demás. Deja que te diga una cosa: perfecta, ya eres. Dejas de serlo cuando te comparas con los demás.

¿Y cómo saber si lo haces por una u otra razón? Pues a base de preguntas, auto observación y reflexión. Tirando del ovillo. Sólo tú tienes la respuesta. Eso sí, has de ser sincera contigo misma, muchas veces no nos gusta admitir que hacemos las cosas por agradar a los demás o para obtener su aprobación. Pero muchas veces lo hacemos por eso. Claro que a todos nos gusta que nos halaguen, gustar o, cuanto menos, que no nos critiquen. Pero el peligro es perder el norte de lo que queremos.

Tú tienes todas las respuestas a todas tus preguntas.

Tú tienes todas las respuestas a todas tus preguntas.

¿Tan difícil es creernos que ya somos perfectos? Según la Real Academia de la Lengua Española, hay dos definiciones de la palabra perfecto que nos pueden ilustrar: “Que tiene el mayor grado posible de bondad o excelencia en su línea” y “Que posee el grado máximo de una determinada cualidad o defecto”.  Pues es que nosotros ya lo somos. ¿Por qué? Porque somos únicos, incomparables, genuinos, irrepetibles.

NI HAY, NI HA HABIDO, NI HABRÁ JAMÁS NADIE COMO TÚ.

QUE TE QUEDE CLARO.

Si quieres mejorar, que sea por ti, al margen de lo que les parezca a los demás.

Mejora, pero desde la aceptación de tus defectos. Incluso desde mirarlos con cariño y comprensión. Míralos con humor, trátalos con amor. Y podrás cambiarlos con mayor facilidad. O incluso puedes darte cuenta, de que a tus ojos, no están tan mal y decidir quedártelos.

Es una cuestión de tratarte bien. Porque mejorar es un proceso que requiere de cariño para contigo. Para empezar, porque seguro que no estás tan mal como crees. Porque simplemente por el hecho de que quieras mejorar, ya implica que tienes cierto nivel de autoevaluación y autoobservación, que te cuidas, vaya. Trabajo con personas constantemente que quieren mejorar y veo que tienen una visión de sí  mismas o del problema a tratar peor de lo que yo percibo. Están mucho mejor de lo que creen, pero su visión de la situación es pesimista.

Este vídeo, que me gusta ver de vez en cuando, creo que puede ir muy bien para ilustrar este texto. Imaginarme dentro de 30 años, echando en falta mi fortaleza, mi salud, mi jovialidad, mi piel, mi agilidad, los seres queridos que ya no estarán… Me sirve para darme cuenta de que ahora ya tengo cosas que son irremplazables, importantes de verdad y eso me hace valorarlas y sentirme dichosa de disfrutarlas. Entonces me doy cuenta de que muchas cosas que “me faltan” son CHORRADAS. Mejorar está bien, pero lo que ya soy, lo que ya tengo, es suficiente para ser feliz.

Estar “mal” no le gusta a nadie, pero a veces hay que aprender a estar bien estando mal. Porque nada es tan grave, de todo podemos a prender, de todo podemos reírnos y todo pasa.

Ríete hasta de tu sombra.

Ríete hasta de tu sombra.

Darle la importancia justa a las cosas y no presionarnos demasiado es lo que nos va a dar al final, una mejor calidad de vida.

No olvides lo importante.

Cuantos menos miedos tengas, más sana será la autoestima de tu hij@

Este vídeo me ha inspirado para escribir el post de hoy. Estoy convencida de que el padre y la madre de esta pequeña han trabajado mucho para que haga esta proeza. Y no me refiero a que la hayan entrenado o sometido a largas horas de subir el mini rocódromo. Me refiero a la capacidad de perder el miedo y no sobreprotegerla por el hecho de que le falta una extremidad.

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Lo que he conseguido gracias a la envidia

Me encantan las buenas noticias. Me encanta que me las cuenten. Bueno, con matices. A veces, algunas, me molestan. Es cuando siento envidia. Envidia de la mala, de la única, vaya. Envidia de la buena no existe. Eso será otra cosa, admiración, deseo de tener lo mismo que otro… Pero la envidia siempre conlleva el deseo de que eso que anhelas en otro, lo pierda, para así sentirte bien o menos mal.

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