¿Tienes más miedos desde que tienes hij@s?

Si os preguntara qué emociones son las que más sentís desde el momento en el que habéis tenido hij@s, ¿cuáles serían? Estoy convencida de que muchas de ellas son emociones agradables, como el amor, la alegría, la plenitud, el cariño, el disfrute… Pero hay otras, menos agradables, que hay que saber gestionar.

Por ejemplo, el miedo. El miedo te avisa de que hay algo malo o peligroso que puede suceder y sirve para que busques protección o seguridad con respecto a esa amenaza.

Es importante detectar el miedo para poderlo gestionar.

Es importante detectar el miedo para poderlo gestionar.

El problema es que no siempre el miedo se refiere a una alerta sobre algo real como por ejemplo que el niño se acerque a la estufa y se pueda quemar (si la estufa está encendida y está cerca del niño). A veces, ni la estufa está encendida ni el niño está cerca, pero nos ponemos a pensar en si podría suceder. Quizá nos han contado el caso de una compañera de clase de nuestro hijo a la que le ha pasado, que se ha quemado, y es entonces cuando empezamos a barajar la posibilidad de que eso le suceda a nuestro hij@.

Quizá ni si quiera nuestro hijo camine por sí mismo, pero nos aterra que de alguna manera, pueda acercarse solo a la estufa y quemarse.

Los niños merecen padres y madres relajados.

Los niños merecen padres y madres relajados.

Creemos que nuestra labor primordial es proteger a l@s hij@s y que no les pase nunca nada, con lo cual sentimos que nuestro deber es estar alerta siempre.

Cuando la amenaza es real, con buscar esa protección o esa seguridad, el miedo se sofoca. Pero cuando es imaginada, inventada, anticipada, como no es real, no podemos ocuparnos de ella. Solo preocuparnos y controlar las posibles amenazas venideras. A fin de cuentas, un esfuerzo que no sirve para nada. Bueno, sí, para desgastarnos mucho. Y además, el miedo no disminuye, sino que sigue ahí.

Ten mucho cuidado con lo que te dices...

Ten mucho cuidado con lo que te dices…

Si te das cuenta de que eres tú quien lo está alimentando, quizá puedas pararlo. ¿Cómo? Pues a ver… Creo que el antídoto de este miedo irracional es la confianza. Y ésta puede ser de dos tipos: interna y externa.

La externa se refiere a la confianza en el mundo. Confiar en que no tiene por qué pasar nada malo si no hay indicios para ello. Por ejemplo, tu hij@ no tiene que desarrollar ningún trastorno, tener fracaso escolar, abrirse la cabeza en el parque o dejar de retener esfínteres.

Pero en el caso de algo de esto pasara, es cuando entra en juego el otro tipo de confianza. La interna. Es la que se basa en la capacidad de reaccionar adecuadamente ante lo que pueda suceder. Y esa confianza interna se refiere a la que deben desarrollar los padres y madres en ellos mismos. Y a su vez, a la que deben depositar en sus hijos.

Es algo con lo que hay que vivir, pero no tiene porqué pasar nada.

Es algo con lo que hay que vivir, pero no tiene porqué pasar nada.

Gran parte de los miedos que rodean a la crianza están basados en la falta de seguridad que los padres tienen en ellos mismos. A su vez, los hijos la absorben, con lo cual, todo encaja.

Podemos romper ese círculo vicioso y convertirlo en virtuoso. Nos estaremos haciendo un gran favor a nosotros mismos y a nuestros hijos.

El miedo también se basa en el pánico que le tenemos a equivocarnos. A cometer fallos, a ser absolutos responsables de lo que les pueda suceder a l@s hij@s. Contra la culpa, el mejor remedio es el perdón. Vamos a equivocarnos, seguro. Infinitas veces. Si vemos el fallo como algo natural y positivo, quizá tengamos menos miedo a cometerlo.

Espero que estos antídotos os sirvan para lidiar mejor con el miedo, que es un mal compañero de crianza y un peor consejero a la hora de tomar decisiones.

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