Tu niñat@ interior

Varias veces os he hablado de lo importante que es estar en contacto con nuestr@ niñ@ interior. Tenerl@ en cuenta para ser más felices , para mejorar nuestra autoestima  y para sentirnos afortunad@s de ser quienes somos.

Pero hoy quiero hablaros del niñato interior. Me hace bastante gracia el término, no lo puedo evitar… Es un concepto del que habla Rafael Santandreu en su libro “Las gafas de la felicidad”. Os recomiendo sus libros, son como dardos tranquilizantes cuando la cabeza se pasa de vueltas.

Dardo tranquilizante, a mí me deja estupenda leer unas páginas.

Dardo tranquilizante, a mí me deja estupenda leer unas páginas.

Yo soy muy fan de hacer feliz a mi niña interior. Tengo una foto mía de cuando era pequeña bien grande en mi habitación. La veo todos los días. Tengo muy presente que quiero hacerla feliz. Vivir en Ansó es el mejor regalo que le he podido hacer. Creo que tener contenta a esa parte de nuestra personalidad es imprescindible para sentirse bien. Es una buena forma de sanear nuestra autoestima y de tenernos content@s.

Sé que estar aquí la hace así de feliz.

Sé que estar aquí la hace así de feliz.

Pero hay una parte de esa niñ@ interior a la que no puedo hacer caso. La más inmadura, la caprichosa, la niñata.

Aquí ya sonreía, pero había tenido una rabieta. NO puedo darle demasiado protagonismo en mi diálogo interno...

Aquí ya sonreía, pero había tenido una rabieta. No puedo darle demasiado protagonismo en mi diálogo interno…

Si os acordáis, en el post Mi mente es como una reunión de vecinos hablo de cómo gestionar los pensamientos de cada una de las partes de nuestra personalidad. La niña y la niñata también están en esa reunión. A la niña hay que hacerle caso, pero a la niñata, no.

¿Cómo detectarla? Básicamente es la que no acepta la realidad. La que se enfada porque las cosas sean así y no como le gustaría que fueran. La que se indigna con la vida. La que grita “¡no es justo!”. La que dice “¿Y por qué tienen que ser así las cosas?”. La que cree que es la única a la que le suceden desgracias. La que se queja y no hace nada por mejorar. La que cree que sólo en su familia hay problemas. La que siempre se está comparando con l@s demás y sale perdiendo…

Podría poner más ejemplos, pero creo que ya sabes por dónde voy… La verdad es que no sienta nada bien verte así. Darte cuenta de que tenemos esa parte. Cuesta aceptarla. Pero, ¿le darías todo lo que te pide a un niño malcriado? No, ¿no? Pues a esa parte de ti, tampoco le tienes que hacer demasiado caso.

Es normal que haya cosas que nos disgusten, forma parte de cualquier proceso hasta que te haces a la idea. Una pérdida, un cambio de planes, una contrariedad… Pero no podemos quedarnos enganchad@s en la fase de enfado. Hay que aceptar. Y cuando la niñata acepta, ya deja de serlo.

Lo que hay que hacer con la niñata interior es hacer que madure. Explicarle las cosas. Tirar mucho de aceptación, de arugamama, de “es lo que hay”. ¿Cómo? Con nuestro lenguaje interior, con nuestro diálogo interno. Conversando con nostr@s mism@s, desmontando los argumentos que surjan de la inmadurez.

De esta manera, conseguiremos hacerle crecer. Y como reza esta imagen…

Madurar.

Madurar.

Así que aceptemos que tenemos esa parte inmadura en nosotr@s mism@s, no dejemos que nos controle y expliquémosle que la vida es así y que hay que aceptarla.

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