Nos quejamos de la corrupción y el enchufismo, pero si tú pudieras… ¿no lo harías también?

Como está el tema candente, me la juego con el post de esta semana y voy a hablar de emociones y política.

Tal y como comentaba el otro día en Facebook, con más empatía y menos manipulación, todo iría mejor.

Tan sencillo como no hacer lo que no te gustaría que te hicieran. ¿Cómo puede ser que esto sea tan difícil de llevar a cabo? Pensemos en nuestra vida diaria, en la que a veces hacemos cosas que no están precisamente basadas en la empatía, como por ejemplo… no contestar a alguien una llamada perdida, no ser sincero con un conocido cuando te inventas una excusa para no dejarle tu libro favorito o tardas en devolverle un dinero que te prestó un amigo porque “nunca te viene bien”…

Cada uno de estos ejemplos sería muy matizable y no tendría que ser necesariamente la falta de empatía la explicación de los m
ismos. No obstante, las consecuencias de esos pequeños actos, también son pequeñas y apenas tienen repercusión. Pero cuando un montón de gente confía en ti, cuando te han escogido a ti para que hagas lo que ellos harían, cuando eres un representante del pueblo, un político, tienes que ser empático y actuar en consecuencia. Y la empatía hay que aprenderla de verdad, basada en el respeto en uno mismo. Si no me respeto a mí, no puedo respetar a los demás. Y para respetarme tengo que tener una sana autoestima, conociendo mis fortalezas y mis debilidades y aceptándolas todas ellas, reconocer cuando me he equivocado. Nada de esto iría mal a nadie, y menos a un político.

Pero claro, nos hemos llevado ya muchas desilusiones en la vida, nos hemos sentido tontos, nos han engañado, nos hemos decepcionado y hemos aprendido que para evitar eso, lo mejor es no confiar. Hacer antes de que te la hagan, aprovechar la oportunidad… Eso es como cuando te dan de más en el cambio cuando compras el pan y no dices nada por las veces que te habrán dado de menos.

rico

Creo que hay cierta desconfianza en los demás, en la vida. Y no es que se trate de poner la otra mejilla, sino de romper con algo que se ha perpetuado desde hace siglos: la pillería. Un día, hablando sobre este tipo de cosas, alguien dio el argumento con el que he titulado el post: aquí todo el mundo enchufa, roba, defrauda… pero si yo estuviera en un ayuntamiento y tuviera la oportunidad de beneficiar a mi hermano y enchufarlo… pues también lo haría… Y creo que esa es la creencia que en muchas ocasiones lleva a la gente a actuar mal. Porque eso es actuar mal, no tiene vuelta de hoja. Y, yendo así, vamos de mal en peor… Y mientras lo hagamos los de a pie, justificaremos que los de las altas esferas lo hagan. Mientras nos quedemos el dinero que nos encontramos en una cartera, mientras nos hagamos los locos cuando compramos algo por internet y no nos lo cobran, mientras cedamos ante nuestro jefe cogiendo en prácticas a su sobrino menos cualificado que a otras personas más válidas, mientras nos comportemos de forma que nos gustaría que lo hicieran con nosotros… Estaremos siendo irresponsables con nosotros mismos, no nos podremos respetar y no podremos exigir que nadie nos respete.

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