“La salud no da la felicidad, pero la falta de aquélla genera infelicidad”. Con el dinero pasa lo mismo. Esta conclusión ha sido obtenida a través de varias investigaciones. Me temo que es real, en muchos casos, pero da una visión del ser humano desde mi punto de vista algo inmadura, es decir, sin algo somos infelices, pero con ese algo no somos felices porque nos acostumbramos a ello y damos por hecho que eso tiene que estar en nuestras vidas sin valorarlo no agradecerlo. No obstante estoy segura de que educacionalmente se podría hacer mucho por cambiarla. Pienso que sin salud es difícil tener cierto bienestar psicológico, pero es una pena que no se nos enseñe a valorar y a agradecer en el día a día cuando tenemos buena salud. En el tema del dinero también se puede hacer la misma reflexión.
Nuestra cultura, incluso la evolución, ha generado que logros en aspectos de nuestra vida que nos pueden hacer muy felices cuando los conseguimos, pierdan pronto el valor que en un principio les otorgamos. La función evolutiva que tiene esta actitud es el no acomodarnos y el tender siempre a obtener otros beneficios, es decir, es adaptativa de alguna manera, pero tiene el efecto secundario de hacer que no valoremos las cosas hasta que las perdemos.
Por mi experiencia personal, es ser consciente todos los días de lo que tenemos, de las cosas que “normales” que nos ocurren en el día a día, que como son normales no lasvaloramos, hace que el nivel de bienestar psicológico aumente, o al menos sea algo superior. Por ejemplo: nos levantamos por la mañana, no hay nada nuevo, no nos hemos dormido, nos preparamos el desayuno, todos los electrodomésticos funcionan, no nos derramamos el café por encima, el ascensor no se queda colgado, el coche funciona adecuadamente, no nos olvidamos las llaves en casa, el trayecto al trabajo ocurre sin incidencias, no perdemos el móvil, no tenemos ningún conflicto con alguien del trabajo, no nos duele nada durante el día, comemos y no nos sienta mal la comida, hacemos algún recado por la tarde y no falla la tarjeta de crédito, durante el día no recibimos ninguna mala noticia, llegamos a casa y la calefacción funciona sin problemas, estamos con la familia y no ha pasado nada excepcional, vemos una película tras la cena y la tele funciona con normalidad, al lavarnos los dientes no nos encontramos ninguna calentura en la boca, nos vamos a dormir con sueño y el colchón está bien, no hay ruidos que no nos dejen dormir, como siempre… Podría decirse que he relatado un día normal, sin novedades, ni buenas ni malas, un día corriente, un día cualquiera en la vida de una persona ordinaria.
Si cualquier cosa de las que ha ocurrido normalmente, este día no hubiera sido así, generaría un problema en el día, y quizás a raíz de éste, muchos más, como consecuencia del primero o incluso en la percepción de la persona de ese día, puede empezar a activar las creencias de “pues si empieza así el día… mal vamos”, y empezar a percibir sólo las cosas negativas que ocurren, lo que a fin de cuentas, mermaría bastante el bienestar psicológico.
Creo que la tendencia debería ser la de valorar a lo largo del día positivamente todo lo que ha sido “normal”, que habitualmente lo asociamos a “sin novedad”, “aburrido”, “mediocre”. Que algo sea normal, es decir, como esperábamos, ya es algo muy positivo, irnos a dormir igual de sanos que como nos levantamos, no tener a ningún ser querido ingresado en el hospital, que todo esté como estaba ayer, igual de bien, ya es algo que si considerásemos positivo, nuestros niveles de felicidad serían mayores. Así que aunque sea una mezcla entre algo evolutivo y algo cultural, creo que es posible reeducarnos en ese aspecto y enseñar a los más pequeños a valorar las “normalidades” del día a día para generar un estado de bienestar psicológico más estable.



