¿Qué contestar a mi hij@ cuando me pregunta…

… por el sexo? … si los reyes son los padres? … si el abuelo se ha ido al cielo? … qué es la regla? … si yo me voy a morir? … si él se va a morir? … qué pasará cuando se muera? … por qué le he dicho a su profe que estaba malo si lo que habíamos hecho era irnos al pueblo? … si es guap@? … si es list@?

... por la muerte?

… por la muerte?

… por el sexo?

... de dónde vienen los niños?

… de dónde vienen los niños?

… si los reyes son los padres?

... si el abuelo se ha ido al cielo?

… si el abuelo se ha ido al cielo?

... qué es la regla?

… qué es la regla?

… si yo me voy a morir?

… si él se va a morir?

… qué pasará cuando se muera?

… por qué le he dicho a su profe que estaba malo si lo que habíamos hecho era irnos al pueblo?

… si es guap@?

… si es list@?

Primer paso: contextualizar la pregunta. Es decir, preguntarle que por qué te hace esa pregunta, quién se lo ha dicho, dónde lo ha escuchado… Ya que así podemos tener mucha más información sobre la naturaleza de su curiosidad, no vaya a ser que nos pase como a esta madre

Segundo paso: si no tenemos demasiado claro que contestar o nos pilla fuera de juego, decirle que ahora no le podéis contestar, pero que dentro de un rato sí (¡y tenéis que cumplirlo eh!). Si te ha puesto nervios@ la pregunta, si no es un buen momento, si te ha pillado en blanco, tienes todo el derecho del mundo a pedir una tiempo muerto para poder dar una respuesta de calidad. No evites contestar, lo que no les cuentes tú, se lo contarán otras personas y quizá no con el tacto a la sensibilidad o el contenido que a ti te gustaría.

Tercer paso: da respuestas cortas. Responde sólo a lo que te están preguntando. Si quieren saber más, ya te seguirán preguntando. No te enrolles, no supongas que quieren más información de la que te han pedido. Primero, porque te puedes meter en jardines de los que no sepas salir y, segundo, porque puedes confundirles con información extra que puede que no estén entendiendo. Ya te pedirán ellos según vayan necesitando esa información.

Cuarto paso: ser sinceros. Duele más la mentira de los padres en los que se confía plenamente, que la verdad. ¿Y si no sabes la respuesta? Pues también lo dices, que no lo sabes, no pasa nada. Puedes decir lo que tú crees (sobre la espiritualidad o la muerte), diciendo que no es que sea verdad, sino que tú has elegido creer eso.

Quinto paso: asegúrate de qué es lo que han entendido. Es decir, que con sus palabras te digan qué les ha parecido comprender. Y hasta que no les quede claro, tienes que seguir explicándole lo que quiera que te haya preguntado. La confusión, genera más confusión y ésta a su vez, inseguridad, inestabilidad e incertidumbre, todas ellas desagradables y difíciles de gestionar para l@s peques.

En cuanto a las dos últimas preguntas, la respuesta, por supuesto es un rotundo sí. No debemos comparar a l@s niñ@s con nadie y con nuestros mensajes estamos construyendo su autoconcepto. Todos somos bellos porque somos únicos y alguien que se hace ese tipo de preguntas no tiene un pelo de tonto.

¿Por qué son incómodas estas preguntas? Porque pueden ser un tabú para nosotr@s mism@s, porque podemos no saber la respuesta, porque podemos pensar que las hacen para fastidiar, porque podemos pensar que la “verdad” puede dolerles… Pero lo que sí duele, es la mentira y más si vienes de las personas más importantes y en las que confían ciegamente.

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