La parte buena de las cosas

Últimamente me han pasado varias cosas que me están haciendo reflexionar. Todas tienen que ver con tener la razón. Sé que éste es uno de mis talones de Aquiles. Soy tauro y tengo esa tendencia.

Pero bueno, al menos lo sé. Me gusta tener la razón, lo admito. De hecho, la tengo, yo ya me la doy, el problema es que a veces quiero que los demás me la den. ¿Raya esto en la avaricia? Puede ser…

Hay gente a quien le molesta que no te creas lo que te cuentan. Yo tampoco le doy la razón así como así a cualquiera. Tengo mis propios criterios y el día que descubrí que podía no creerme algunas cosas, me sentí muy libre. Por muy demostradas que estén científicamente. Creo que es un acto de rebeldía genial.

Pero he dejado de ser tan radical en muchos aspectos, porque la radicalidad requiere de mucha coherencia, extrema, y es algo muy difícil y puede llegar a ser contraproducente para uno mismo. Pero veo que mucha gente practica los extremos y creo que va un poco en contra de la evolución (evidentemente, a mejor) de las cosas.

Publiqué esta foto en Facebook y en un grupo cuyo interés es la educación emocional. Y la acompañé del comentario que aparece debajo.

Si al rincón de pensar le añadimos la hoja de pensar, ¡esto ya es genial!

Si al rincón de pensar le añadimos la hoja de pensar, ¡esto ya es genial!

A mucha gente le gustó, pero hubo una minoría que… ¡Menudo revuelo armó! Que si era una aberración, que cómo podía colgar eso, que si iba en serio… La hoja de por sí, al igual que el rincón de pensar, son herramientas que por sí solas no creo que tengan un gran resultado en el niño. Pero ambas, dinamizadas por un adulto, pueden ser muy beneficiosas.

Una semana antes, colgué este anuncio. Y aunque hubo mucha gente que se sintió muy identificada, también hubo otra que lo criticó como si no tuviera absolutamente nada bueno. Es publicidad, y ya partiendo de eso no podemos pedir mucho. Nos quieren vender algo y van a utilizar la manipulación para ello. Pero teniendo en cuenta el tipo de publicidad a la que nos somete la televisión, con estereotipos mucho peores desde mi punto de vista, creo que tener una visión tan radical y negativa sobre este anuncio cuando lo que yo veo es que están rompiendo un tabú y dándole voz a un gran número de mujeres que se sienten como las del anuncio, con las que yo trabajo, trato, hablo, aconsejo, ayudo… no está nada mal. Cuando el mensaje es tan positivo, cuando lo que pretende es sacar a la luz que la mayoría de mujeres sentimos esa presión que nosotras mismas nos aplicamos, cuando de repente nos sentimos acompañadas porque no somos las únicas que nos sentimos así… no querer ver esa parte… me parece involucionar.

Y creo que es necesario que haya una crítica sobre el anuncio, pero pienso que debería ser más constructiva.

Las mejoras se hacen así, poco a poco. Dejemos de sacarle tanta punta a todo y veamos y disfrutemos de lo que viene que, cada vez, tiene mejor pinta. A eso me refiero con ser contraproducente. No podemos pretender avanzar hasta que el paso a dar sea perfecto, pero podemos destruirlo si solo nos fijamos en lo que es mejorable.

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  1. Pingback: Antídoto contra la desilusión - bienpensar.com

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