Control parental “ON”

“No controles” decía la canción. Porque sentirnos controlados es un rollo. Pero controlar, a pesar de parecer una forma de “dominar”, también es agotador y desgasta las relaciones. Que estén pendientes de todo lo que haces y de cómo lo haces, notar unos ojos clavándose en tu nuca… no mola.

Y por otro lado, he sido muy controladora, he corregido a mis amigos cada vez que han pegado una patada al diccionario, he observado por el rabillo del ojo quien entraba y salía del bar en el que me tomaba algo “relajadamente” y directamente le he dicho a la gente lo que tenía que hacer. Pensaba que si hubiera existido la profesión de “controladora terrestre” hubiera sido mi vocación. No me he desenganchado definitivamente de esas conductas, pero cuando me doy cuenta de lo que me perjudican a mí y a mis relaciones… trato de parar.

El otro día llegó a mis ojos una publicación de Facebook en la que un padre contaba cómo el hilo del calcetín de su bebé se había enroscado en uno de sus deditos del pie, estrangulándolo y privándolo de riego sanguíneo. Lo llevaron al hospital, casi tienen que cortarle el dedo, la lesión le estaba afectando al empeine… Al final el bebé se recuperó, tiene todos sus extremidades completas y todo se quedó en un susto.

Bueno, no realmente. Este susto va a estar presente en la vida de sus padres y en las de muchos más, puesto que el post en cuestión había tenido un alto alcance, me gustas, compartido y comentado con una notable hostilidad hacia los fabricantes y controladores de calidad que habían dejado que sucediera algo así. ¡Alguien tenía que haberlo evitado! Luego di con otra aportación en la que se decía que los cabellos largos también podían generar este tipo de “torniquetes” y que lo mejor era raparse el pelo. Entonces pensé que alguien con poco de humor había decidido intervenir, pero no, lejos de ser broma, era el papá que había comenzado con esta noticia, quien sugería que para evitar riesgos, lo mejor era llevar el pelo no más largo que el diámetro del dedito de un bebé. Y ahí ya, aluciné. ¿Nos hemos vuelto locos o qué? ¿Y dónde está el límite?

No comenté nada porque ante el miedo de unos padres creo que hay que ser respetuoso, pero también creo que una vez pasado el susto, hay que relativizar y mirarlo desde la perspectiva de la tranquilidad porque vivir con ese miedo a que nos pasen cosas malas, no es vivir. Y puedes transmitir ese miedo a tu hijo, que es aún peor.

Justamente, algún día antes había dado una sesión para madres sobre lo que controlar y lo que no en la educación de sus hijos y habíamos trabajado este tema, puesto que observo que el control tiene a muchos padres, pero especialmente a muchas madres, muy dominadas, estresadas, agobiadas y decaídas. Hablamos sobre el origen de la necesidad de control, lo incómodo de sentirnos controladas a día de hoy por otras personas, lo agotador de tratar de controlarlo todo (la necesidad de control puede ser insaciable y nos puede hacer perder el norte) y el mensaje que le estamos transmitiendo a los peques cuando estamos todo el rato en el parque controlando si hacen lo que les hemos mandado, dónde están, qué hacen, con quién hablan, si la bici que llevan es la suya… Hay madres a las que creo que les va a empezar a girar la cabeza 360º de tanto ejercitar movimientos a uno y otro lado para supervisar todos los movimientos de su hijo. Aquí un ejemplo: https://www.facebook.com/319970554859399/videos/431563903700063/

Ese mensaje es: no confío en ti, tú no puedes, tú no sabes, no vas a poder, lo vas a hacer mal, te vas a equivocar. Pero ese mensaje también es para la madre o el padre. Pase lo que pase, seguro que puedes encontrar la manera de solventarlo, lo arreglarás, podrás, seguro, harás todo lo que puedas. Pero estar anticipando todo el tiempo los problemas no siempre los evita, de hecho, muchas veces, los crea.

Entiendo que quieras saber todo lo que pasa a tu alrededor, pero es imposible.

Probablemente sufriste en un momento dado y harías todo lo posible por evitar que volviera a suceder, pero hay dolores que se nos escapan porque son imprevisibles. Y la vida se compone de emociones agradables y desagradables.

No podemos evitar lo que no podemos prever. Para lo bueno y para lo malo. Es el libre albedrío que tiene la vida. Y es que vivir, puede matar, es lo que tiene.

Sé que tu hijo es lo más importante de tu vida, pero el miedo puede no dejarte disfrutar de él y no creo que quieras que viva con la sey4htn4z3nsación de algo horrible puede sucederle.

Educar adecuadamente es coser bien fuerte las alas a tu hijo para que pueda volar alto y lejos. Para que decida por sí mismo y no sea una esclavo de  tus o sus temores. Confía en él, confía en ti, confía en la vida. Pueden pasar muchas cosas malas, tantas como imagines, pero también pueden suceder cosas maravillosas si lo permites.

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