¿Te entiendes?

¿Cómo puede ser que aspectos básicos para el desarrollo del ser humanos como la educación o la comunicación sean taaaan complejos?

Quizá sea esa la causa… o la consecuencia del desarrollo del ser humano…

En una conversación, muchas veces nos encontramos con alguien a quien le cuesta explicarse (a todos nos cuesta poner en palabras cosas que pensamos, descripciones que hacemos, indicaciones que damos…) que dice “yo ya me entiendo”. Si lo está tratando de explicar suele ser para que otros le entiendan, que se entienda él mismo… no es importante… ¿O sí? Quizá eso sea lo más importante. Si tú entiendes lo que quieres decir, lo que piensas, es más fácil que puedas darte a entender.

Los cuatro acuerdos toltecas son cuatro sugerencias para vivir más feliz y sentirse mejor. Curiosamente, tres hacen bastante referencia al tema de la comunicación:

  • Sé impecable con tus palabras.
  • No hagas suposiciones.
  • No tomes nada como personal.

¡Casi nada! ¿Qué interesante, no? Que las bases del equilibrio social, emocional, mental y personal según la milenaria cultura tolteca, estén tan relacionados con la comunicación…

Para lo primero, lo importante es hablar con propiedad, conocer el significado de las palabras, no hablar por hablar, dejarte de frases hechas y de las que parece que dicen mucho pero están vacías de significado, como los colaboradores de algunos programas de telvisión. Hablar cunado haga falta, cuando lo necesites, pero no cuando te fuercen a ello, no te justifiques, no des explicaciones, no cuentes lo que no quieres. A veces nos confesamos en exceso con las figuras de autoridad, quizá porque buscamos su aprobación: con nuestros padres, nuestros jefes… Y muchas veces no nos la dan y les hemos dado más información de la que querríamos y eso puede volverse en nuestra contra.

No hacer suposiciones tiene también su dificultad. Cuando el otro no cumple con el primer acuerdo, no se explica de forma impecable, es fácil que tengamos que suponer cosas. Y quien dice suponer, dice interpretar… Estamos muy acostumbrados a utilizar muchos adjetivos comparativos en nuestras explicaciones y de forma poco objetiva. Es decir, si hablamos de una silla, podemos decir que es cómoda, bonita, pasada de moda, cutre,  barata, que pega con el resto del mobiliario…

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Esta descripción dependerá de quién la haga, Lo que barato para ti, puede no serlo para mí. Por eso, con esta descripción, a cada uno le vendrá una imagen diferente a la cabeza. Sin embargo, si decimos que es de plástico, blanca, está algo manchada, mide 60 centímetros de alto por 40 de ancho, tiene reposabrazos y pesa menos de dos kilos, habremos dado menos oportunidad de confusión.

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Pero como no estamos acostumbrados a ver las cosas como son, sino a mirarlas a nuestra manera… pues a todo le damos nuestro toque personal y es más difícil que nos entiendan.

22 ojo

¿Y qué pasa cuando lo que queremos es que nos aclaren algo que no hemos entendido demasiado bien? Que podemos parecer pesados, incluso podemos no hacerlo porque se piensen que somos tontos… Pero irnos con la duda es de lo peor. Hay gente que se toma a mal que le pidas aclaraciones sobre algo, pero es que los malos entendidos están a la orden del día, y más vale pecar por exceso de comunicación que por defecto. Aquí un ejemplo con humor: https://www.youtube.com/watch?v=1DoimVO8aBI

Y lo de no tomarse nada como personal… Es una de las mejores cosas que podemos hacer, ¡sienta de un bien…! Te libera, básicamente. Decidir no entrar en el juego de otro es genial. Esto es como cuando te hacen un regalo, tú puedes decidir usarlo o no. Pues también puedes decidir el uso que le das a lo que otros digan, la importancia que le des, depende de ti. La importancia justa. Justa para cada uno, claro está. Darse o no por aludido, he ahí la cuestión.

Llevar a cabo estas tres premisas, nos puede acercar más a practicar una mejor comunicación: más auténtica, más real, más responsable, más limpia y, sobre todo, más ligera y enriquecedora.

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