Este verano fui a visitar el monasterio de San Juan de la Peña, bastante bonito y concurrido. Es por ello que hay autobuses periódicos que te transportan desde el aparcamiento hasta el mismo monasterio.

Un bonito lugar.
Es un servicio bastante regular y el conductor fue protagonista de la historia que voy a contar.
Para sacar a los viajes el máximo partido, una de las normas del transporte es que los niños menores de 6 años deben ir en sentados sobre las rodillas de los padres.
Así que cuando tomamos ese autobús a la vuelta, se había quedado un pasajero sin sitio pero había un matrimonio con un niño de 5 años. A parte del conductor, en el autobús viajaba también un guía que parecía el responsable de que el autobús fuera lo más aprovechado posible en cuanto a ocupación.
El niño ocupaba una plaza, así que haciendo caso a las normas, el conductor le pidió al guía que dijera a los padres que si el niño era menos de 6 años, tenían que llevarlo en sus rodillas.
El guía fue y les dijo a los padres.
Pero los padres no hicieron nada.
El conductor insistió al guía para que volviera a recordarles lo que las normas decían.
El guía, ya algo incómodo se acercó de nuevo a los padres para que sentaran al niño en sus rodillas.
Y los padres dijeron que si hacían eso, el niño se iba a enfadar.
Cuando el guía fue con esta explicación al conductor, que tenía muy claro que ahí tenía que caber el pasajero que aún esperaba afuera, pensé que se iba a levantar y a cantarles las cuarenta al matrimonio.
El guía volvió de nuevo a regañadientes a decirles que no era una opción, que tenían que coger al niño y sentarlo en sus rodillas.
Finalmente accedieron, la treintena de personas que estábamos esperando a que el autobús se moviera más el pasajero que no cabía, llegamos al aparcamiento y aquí se acabó la historia.
Pero ese niño está aprendiendo que el con el enfado puede dominar a cualquiera. Está aprendiendo a manipular.

Hará contigo lo que quiera.
Y luego dirán que es un manipulador. Cuando lo que sucede, es que sus padres no le están diciendo que no. No le están enseñando a tolerar su frustración y cuando tenga 15 años a ver quién se hace con él.
La familia no debe ser una institución democrática, la jerarquía es necesaria y está repartida entre la madre y el padre, no centralizada en l@s hij@s.
Los límites son buenos, son necesarios, los niños los piden a gritos, aunque se rebelen cuando los reciben. Sin límites lo que los niños perciben es que no se les quiere.
No tengas miedo al “pollo” que te pueda montar, eres adult@, eres mayor que tu hij@ y tienes muchas más estrategias para salirte con la tuya. Debes creértelo porque es verdad.


