Un buen amigo puede no alegrarse de que las cosas te vayan bien y sigue siendo un buen amigo

Esta semana compartí este vídeo en el que el mensaje principal decía que no contases tu proyectos si querías que llegaran a buen término ya que la gente se alegra de que te vaya bien, pero no más que a ellos.

Hubo diferentes reacciones, como era de esperar, y alguna de ellas fue alguna carita de enfado incluso, como si molestara el contenido del vídeo. Me pareció muy interesante un comentario que decía “los verdaderos amigos siempre quieren vernos bien”.

¿Por qué tú sí y yo no?

¿Por qué tú sí y yo no?

Parece que el tema de la envidia es un tabú. Sigo preguntando en los cursos que doy si la gente es consciente de sentir envidia y la respuesta suele ser mayoritariamente “sí, pero de la sana”. A lo que yo replico “esa no existe”.

Hemos de aceptar que la envidia no es mala, ninguna emoción lo es. Y que un amigo puede sentir envidia hacia nosotros y viceversa y eso no nos convierte en malas personas.

Hay emociones que nos asusta aceptar que sentimos porque no sabemos cómo gestionarlas y la envidia es una de ellas.

Gestionar adecuadamente la envidia, como comento en el post “Lo que he conseguido gracias a la envidia”, supone no dejarse llevar por ella y escuchar la valiosa información que nos quiere transmitir: deseo tanto algo que otra persona ha conseguido y me molesta tanto no tenerlo que preferiría que nada a mi alrededor me recordara que no lo tengo.

No hay pecado, de verdad.

Me pareció interesante poner este vídeo porque me encuentro con mi ejemplo personal el primero, y con muchos otros a mi alrededor de personas que tenemos “incontinencia verbal”, es decir, que lo soltamos todo por nuestra boquita.

Evitando la incontinencia verbal.

Evitando la incontinencia verbal.

Como si de pánico al silencio estando en compañía se tratara, vomitamos información de nuestro día a día, de nuestros planes y proyectos. Y no solo con amigos, con la familia también pasa, con los padres y madres.

De alguna manera hay un deseo inconsciente de buscar la aprobación de las personas significativas para nosotros y, si no la recibimos, nuestro proyecto puede perder fuerza porque no nos sentimos apoyados.

Llevar a cabo un cambio de trabajo, por ejemplo, o un cambio de vida, hace que nos afloren multitud de inseguridades. Pero a las nuestras, además sumamos las de los demás… Puede que decidamos no materializarlo.

Hace cuatro años, sería por estas fechas, decidí dejar el trabajo que tenía para volver a estudiar, irme a vivir a Cádiz. Tenía todo pensado y atado. Y aún así, cuando se lo comentaba a la gente, hubo una persona que me dijo “¿Y de qué vas a vivir?”. Y de repente esa frase resonó dentro de mí de una manera aterradora, porque a pesar de tenerlo todo previsto, estaba muerta de miedo.

Contar nuestros proyectos abre brechas y fisuras en ellos, no porque la gente quiera fastidiarnos, sino porque pueden alimentar nuestras inseguridades con las suyas.

Otro tema es luego el control que llevan de nuestras vidas. “¿Pero tú no ibas a cambiar de trabajo? Al final no te has atrevido, ¿no?”. “No creo que sea una buena idea cambiarte de casa por el simple hecho de que te apetezca un cambio de aires”.

Pero como he dicho, es otro tema.

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