Tengo miedo.

Mucho miedo. Tanto, que en ocasiones estoy absolutamente bloqueada. Miedo a que me reprendan por algo que he hecho. Y siento mucha culpa. Y creo que merezco un castigo. Porque pienso que tomé malas decisiones.

Hoy me voy a hacer terapia a pecho descubierto. Y no es un simulacro, tengo miedo de verdad.

culpa

Sé que tengo la necesidad de agradar a los demás. Y es una necesidad muy profunda. Proviene de la falta de aprobación y refuerzo que viví cuando era pequeña. Miedo a no ser querida. Es peor que el miedo a no tener comida o cobijo. Si no te quieren, no existes, no eres.

Nacer tercera niña no me lo puso fácil. Después de dos niñas, el varón era lo más deseado, pero llegué yo. Y traté de cumplir las expectativas de ser chico, pero yo no era chico. Y tratando de ser lo que se esperaba de mí, para sentirme querida, he dedicado mucha energía en agradar a los demás. Afortunadamente una parte de mí se rebelaba contra esto y he sido crítica, desobediente, contraria, insumisa, macarra… Con el tiempo, he ido equilibrándome y proporcionándome el amor necesario, y aunque sigo teniendo la tendencia a agradar, la mantengo a raya intentando hacer siempre lo que quiero en lugar de lo que esperan de mí, al margen de que me quieran o no.

Pero en la conviviencia hay que tener en cuenta a los demás, lo que me tienta día a día a seguir con el feo vicio de sentirme aprobada por quienes me rodean. Es una fina línea la que separa agradar a los demás y tenerles en cuenta en la convivencia. La clave está en el respeto: a ell@s y a mí misma. Si me respetara, quisiera y aceptara al cien por cien, no tendría tanto miedo, tendría claros mis derechos y estaría segura de mis decisiones. Pero si no lo hago, a algunas personas, a veces, les concedo mayor estatus, y más que tenerlas en cuenta, les dejo que dominen mis decisiones, mis acciones y que me castiguen si me equivoco.

¿Qué pasaba cuando me equivocaba de pequeña? Que me decían lo mal que lo había hecho, lo bien que podría haberlo hecho (mentira, si lo hubiera podido hacer mejor, lo hubiera hecho mejor) y además de esta reprimenda, me tenía que sentir culpable. Y el enfado de los mayores, l@s niñ@s lo viven como dejar de sentirse querid@s. Por eso ahora me siento como me siento. A pesar de mucho trabajo personal, en temas delicados, es donde más de manifiesto se pone lo que aún queda por mejorar.

Tendemos a pensar que nos equivocamos en el pasado cuando las consecuencias de una decisión nos generan momentos desagradables, como el que estoy viviendo yo ahora. Pero no, la Pilar del pasado no tomó una decisión a la ligera, la sopesó lo que creyó oportuno y la tomó pensando en que era lo mejor. El error se reconoce ahora, lo hice lo mejor que supe, quizá no tuve en cuenta todos los factores, otra vez intentaré hacerlo mejor. Y debo seguir queriéndome a pesar de mis errores.

Parece que últimamente me equivoco mucho, será que estoy haciendo muchas cosas nuevas y que probablemente haya un gran aprendizaje al final. Me ocuparé de que así sea. El dolor no me lo quita nadie, pero creo que puedo tratar de perdonarme a mí misma por los errores cometidos y no dejar que nadie me castigue por ellos. Serán una puesta a prueba de mi autoestima.

A estas alturas, no deberíamos dejar que nadie nos castigara, al menos emocionalmente. LO MÁS GRAVE, ES QUE SOMOS NOSOTROS NUESTROS PEORES VERDUGOS. Por eso es tan importante el perdón. Y para perdonarnos tenemos que sentir que merecemos la calma y ligereza que acompaña a redimirnos de nuestros equívocos. Y para sentirnos merecedores de algo, tenemos que querernos y darnos valor.

Quiero acompañar este post con un cortometraje, que no tiene mucho que ver con el tema, en el que sale una chica golpeándose a sí misma. Cada vez que tenemos pensamientos negativos sobre nosotros mismos, cada vez que nos metemos miedo, cada vez que nos juzgamos, es como si nos estuviéramos dando un puñetazo en la pierna, como hace la protagonista. Aquí va el corto: https://www.youtube.com/watch?v=t12npMJVfjg

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Comprender por qué me siento como me siento, conocerme, conocer mi historia y sus consecuencias en mi personalidad, conocer mis derechos, entre otras cosas, me ayuda a gestionar mejor mis emociones. Para ello, tengo que observar dentro de mi interior, especialmente en las partes más oscuras, airearlas, lavarlas, reubicarlas, expresarlas… y poco a poco iré sintiéndome más ligera. Relativizar, responsabilizándome de mis estados de ánimo y hacer algo para cambiarlos sin taparlos, son herramientas que sirven para ello.

Espero que mi experiencia aquí relatada sirva para ver cómo gestionar las emociones, sobre todo las perturbadoras. No significa que lo que yo cuento sea generalizable a todas las personas, sólo es mi experiencia y la interpretación que he hecho de ella, pero quizá alguien pueda sentirse identificad@ con alguna parte.

A mí me ha servido para entenderme mejor, y cuando entiendo, me calmo. No me ha resultado fácil exponerme de esta manera, pero creo que con casos prácticos es con los que realmente se puede aprender. Y lo que más claro me ha quedado es que… ¡TENGO QUE QUERERME INCONDICIONALMENTE!

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5 comentarios

  1. Pingback: Preocuparse no sirve para nada - bienpensar.com

  2. A mi también me ha gustado mucho tu artículo.

    Me ha impactado leer en este momento la frase: “Si no te quieren, no existes, no eres”. Leída desde un punto de vista lejano me parece tan irracional… pero es un sentimiento que suelo tener en cada acción que llevo a cabo.

    Sinceramente, me siento muy afortunado en ese punto, aunque sienta que debo cambiar muchas cosas en cuanto a mi autoaceptación. Yo también tengo miedo, mucho miedo… pero estoy en un punto en que tengo tanto miedo que consigo hacer cosas y conseguir logros que no hubiera sido capaz de hacer de una forma más tranquila o meditada, sin saber muy bien cómo he podido conseguirlas en ese estado… Quizás sea por instinto animal. Es como una contradicción absurda. Supongo que si la vida me está haciendo sentir esto es porque sabe que es la única forma de que entienda realmente que sintiendo este tipo de cosas puedo conseguir las metas que estoy consiguiendo.

    A veces suelo decir que lo mejor de sentir cosas desagradables es que no te dan tiempo para aburrirte (xD). Es curioso como la vida, aunque dolorosa, improvisada e incomprensible en algunos casos… puede resultar tan interesante…

    Un saludo y gracias de nuevo por abrirte al mundo de esta forma tan poética 🙂

    • Muchas gracias por tu comentario.
      Hace unos meses que escribí este post, me viene bien recordarlo y darme cuenta de que aquella emoción intensa ha ido convirtiéndose en un sentimiento mucho más tenue y llevadero.
      Pero recuerdo lo que me llevó a escribirlo. Y creo que le has dado muy bien la vuelta. Tener miedo no significa actuar en base a lo que te provoca, sino que se puede ser consciente del miedo pero hacer lo que temamos igualmente. Quizá sea por supervivencia. ¿NO tienes un poco la sensación de que cada vez que te enfrentas a ese miedo, desaparece? Parece que hasta puede tener un punto de aventura, de adrenalina…
      Me gusta tu visión e interpretación de lo que estás sintiendo, ¡creo que es una muy buena gestión de emociones! Y muchas gracias por compartirlo aquí.
      Un saludo!

  3. Me ha emocionado muchisimo leer tu relato en el que me veo a mi misma. En mi familia de mi se esperaba que lo consiguiera todo pero sin apoyarme para nada, tenia que lograrlo porque podía y como no lo conseguí fracase.
    Y esa sensación me acompaña allá donde voy. Incluso a dia de hoy a veces siento que no me he ganado lo que tengo.
    Lo dicho muchisimas felicidades por tu escrito me parece muy valiente

    • Jo, me alegro muchísimo de que te haya gustado.
      Por lo general se nos educa así, se nos quiere por los resultados de nuestras acciones, porque a nuestros padres les enseñaron a querer así, y a ellos aún les querrían “peor”.
      Espero que la frase que he repetido casi en cada párrafo, sobre quererme a mí misma, te sea inspiradora para que esa sensación de la que hablas deje de acompañarte tanto.
      Muchas gracias por compartir, tú tampoco te quedas atrás en eso de la valentía.

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