Lo que he conseguido gracias a la envidia

Me encantan las buenas noticias. Me encanta que me las cuenten. Bueno, con matices. A veces, algunas, me molestan. Es cuando siento envidia. Envidia de la mala, de la única, vaya. Envidia de la buena no existe. Eso será otra cosa, admiración, deseo de tener lo mismo que otro… Pero la envidia siempre conlleva el deseo de que eso que anhelas en otro, lo pierda, para así sentirte bien o menos mal.

Cuando no te alegras al 100% del éxito ajeno, es envidia.

Cuando no te alegras al 100% del éxito ajeno, es envidia.

Cuando en mis cursos hablo sobre emociones, ésta me da mucho juego. Tiene tan mala prensa la pobre que mucha gente no se permite el sentirla. “Ser un envidioso” es casi un insulto. Pero no somos envidiosos, al igual que no somos alegres o asquerosos. Sentimos envidia, expresamos alegría, experimentamos asco. Pero cada uno es cada uno. Nuestra identidad no tiene nada que ver con lo que sentimos.

Pero claro, si nos han dicho que sentir envidia está mal… Pues la negamos y ya está. Pero eso no significa que no la sintamos o que desaparezca, no, no.

Reprimir tus emociones no hace que desaparezcan, sino todo lo contrario.

Reprimir tus emociones no hace que desaparezcan, sino todo lo contrario.

Está claro que sentir envidia no es agradable, como tampoco lo es el miedo, la decepción, el desamor o la rabia, entre otras emociones. Pero todas ellas nos dan información.

¿Qué información nos da la envidia? Que queremos algo que no tenemos. Que lo queremos mucho, pero por la razón que sea, no nos decidimos a ir a por ello. Es por eso, que cuando lo vemos en otra persona, desearíamos que lo perdiera.

A mí la envidia, me ha servido mucho. Gracias a ella me he dado cuenta de que algunas cosas eran importantes para mí. Por ejemplo, cuando yo vivía en Zaragoza, cada vez que me enteraba de que alguien cercano, algún conocido, se había ido a vivir a un pueblo, ¡me hervía la sangre! Inconscientemente, deseaba que le fuera mal. Sí, así de claro os lo digo. ¿Por qué? Porque era algo que yo quería hacer desde que era “adulta” pero no me atrevía, o me autoconvencía de que era imposible y así no lo intentaba, no fuera a fracasar… A mí me habían disuadido siempre a mi alrededor y me había creído que era inviable sobrevivir en un pueblo, instalarse, hacerse con esa rutina… Pero, claro, cuando la evidencia surgía, cuando una persona lo conseguía, contradecía todo mi sistema de creencias y eso me contrariaba hasta puntos insospechados. ¡No podía ser!

¿Qué es lo que necesitas y no te estás dando?

¿Qué es lo que necesitas y no te estás dando?

Gracias a gestionar mi envidia adecuadamente, me di cuenta de que yo merecía intentar irme a vivir a un pueblo así que me atreví y lo conseguí. Y este no es el único ejemplo, hay muchos más en mi vida. No significa que sea la única forma de hacernos conscientes de lo que queremos, hay otras muchas emociones que nos dan esa información.

Cuando aceptas la envidia, la entiendes, comprendes su mensaje y decides hacer algo en consecuencia, prácticamente desaparece.

¿Qué hacer exactamente?

  • Cuando notemos esa sensación punzante, ardiente, dentro de nosotros, que casi no podamos fingir lo que en el fondo nos fastidia el logro del otro, preguntarnos por qué nos molesta tanto. ¿Qué es exactamente lo que te irrita de eso? Se sincer@ en la respuesta, no te juzgues.
  • Es importante que indagues la razón real de la envidia, ya que no siempre nos da información sobre lo que queremos. A veces, le tenemos inquina a alguien y simplemente por ello, cualquier cosa que hace, nos molesta, pero no porque queramos algo que esa persona tiene.
  • La envidia surge en gran parte del desconocimiento de lo que al otro le ha costado conseguir el logro en cuestión. Tendemos a pensar que lo ha obtenido sin ningún esfuerzo, cosa que suele ser falsa. Conocer su historia, que nos explique lo que ha hecho, nos puede servir para atenuar la emoción y para saber qué pasos seguir nosotros para conseguir eso mismo. La envidia surge en parte como un sentimiento por la injusticia de que unos tengan algo y yo no. Cuando conocemos la historia real, la sensación de justicia, aumenta y consecuentemente, disminuye el malestar.
Conocer la experiencia del otro nos puede ayudar.

Conocer la experiencia del otro nos puede ayudar.

  • Informarnos sobre la dureza del camino al objetivo también es constructivo, ya que así sabremos qué obstáculos nos podemos encontrar y podremos tratar de prepararnos para superarlos.
  • No te sientas mal por sentir envidia, es sólo una emoción. No vas a ser mejor ni peor por sentirla.

Espero que después de leer esto, tengas otra visión de la envidia y sepas gestionar todo la información beneficiosa que te da el sentirla.

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6 comentarios

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  2. Pingback: Eso que nos irrita tanto de los demás... - bienpensar.com

  3. Muy bueno el post, pero yo tengo una duda.
    Y cuando sentimos envidia porque a ti no te dan algo que te pertenece y se lo dan a otra persona?

    • ¡Hola Cristina y gracias! Pues en ese caso yo diría que no es envidia sino un sentimiento de injusticia, porque si algo es tuyo y se lo dan a otro está sucediendo algo realmente injusto. Y ahí necesitamos que se haga justicia y somos nosotros quienes debemos tratar de solventarlo. En cualquier caso, que nos sintamos mal porque algo es injusto también es constructivo, porque gracias a ello podemos hacer algo para cambiarlo. Sentir injusticia también puede ser una emoción poco agradable pero que nos da una información muy valiosa. Espero haberte respondido, ¡gracias por participar en este blog!

  4. Qué grande eres Pilar! Gracias por ofrecernos tanto. Sí, es importante gestionar adecuadamente esta emoción (y todas je,je,je) en primer lugar por nosotros mismos y después por los demás pero como tú has dicho se nos ha enseñado a reprimirla y eso hace mucho daño. Poco a poco se va educando der otra manera, o al menos eso creo porque o no veo muchos cambios o los desconozco (lo que observo y veo entre mis círculos de amistades y aquellos que frecuento).

    Muchas gracias por todo y un fuerte abraazo.

    Eva

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