¿Qué hacer cuando mi hijo de tres años llama “tonto” a todo el mundo?

Ésta es la consulta que me ha hecho una madre:

“Tengo un niño de 3 añitos, que ha empezado a utilizar las palabras “tonto” y “caca”. Cada vez lo hace con más frecuencia. Al principio no le daba importancia porque sólo lo utilizaba en casa y a mi no me molestaba, lo consideraba que era un juego para él. Me decía “hola tonta”,”Es de mentira mama”. Pero lo que no sé como gestionar es cuando lo utiliza fuera de nuestro entorno. Cualquier persona mayor que se le dirige al él, le contesta con “Hola tonto”. O si le preguntan alguna cosa le contesta con la palabra “caca”. Me resulta incomoda la situación, porque la reacción de la otra persona suele ser: “Eso no se dice” o “no seas mal-educado”. Y además que se pueda sentir insultado. Yo entiendo que para él es un juego y no tiene otra intención, y mucho menos la de insultar a esa edad. Yo le he dicho que hay personas que no entienden su juego y que se pueden molestar con esas palabras. Pero él continua diciéndolo y cada vez más. Lo hace tanto con conocidos como no conocidos, (sus abuelos, tíos).

He preguntado en la guardería y parece ser que la utilizan varios de su edad. Les resulta graciosa utilizarlas.

Me gustaría saber como gestionar esta situación.”

¡Lo que sale de esa boquita!

¡Lo que sale de esa boquita!

  • Lo primero, muchas gracias por contribuir con tu consulta a este espacio de educación emocional donde la pretensión es que sea un lugar de referencia e información sobre la gestión de emociones en general.
  • Lo segundo, decirte que has hecho bien tratando de no darle importancia, ya que el significado de esas expresiones lo sabemos los adultos, no los pequeños. Ellos no lo dicen con ningún tipo de intencionalidad, más allá de querer experimentar y probar qué pasa cuando dicen esas palabra, pero a veces podemos caer en otorgarle más importancia de la que viene bien para manejar la situación con serenidad.
  • Por otro lado, no está de más ir diciéndole que no te gusta que te llame tonta, ya que es una manera de que vaya viendo las consecuencias que puede tener nuestra conducta en los demás. Eso sí, tratar de hacerlo desde la neutralidad y serenidad y no el enfado. Se lo puedes decir con gesto y tono serio. Hacerlo desde el “me gusta o no me gusta” es hablarle en un idioma que entiende.
Serenidad para hablar.

Serenidad para hablar.

  • Si haces esto, hay más probabilidades de que se vaya dando cuenta de que eso molesta a quien lo recibe y podría reducirse el número de veces que lo dice fuera de casa.
  • Es totalmente normal que te resulte incómoda la situación, pero una vez que sucede, a parte de reaccionar como te he dicho, mucho más no puedes hacer. Sí puedes preguntarte la creencia que subyace a tu reacción, es decir, quizá si piensas que es normal que los niños se comporten así a pesar de los esfuerzos que hagan los padres, puede que te sientas menos incómoda. Acepta esta etapa como una más, con humor incluso contigo misma, despersonalizando lo que él hace de tu persona. Es un paso importante aceptar que tu hijo es una persona al margen de ti y que tendrá que asumir las consecuencias de su conducta, y este momento puede ser el comienzo de esa toma de conciencia.
  • Por eso, tampoco puedes controlar cómo los demás respondan ante su actitud, aunque luego, a solas, sí le puedes repetir una sola vez que a la gente no le gusta que le digan esas cosas.
  • Tener niños a nuestro alrededor aumenta exponencialmente el número de veces que te sientes en evidencia, es una realidad y le pasa a todo el mundo.
  • Cuando alguien le dice algo desagradable tras sus palabras “inoportunas” puedes preguntarle cómo se siente. Si se siente insultado (quizá tampoco le dé el valor que tú le das a las palabras de los otros), como tú temes, puedes decirle que es así como los demás se sienten cuando él les llama tontos. Consuélalo si se siente mal, pero sin caer en “es que te lo has ganado” o “te lo mereces por haber empezado tú”.
  • En cuanto al hecho de que cada vez lo haga más, lo que te puedo recomendar, es que cada vez que no lo haga, se lo reconozcas. Cada vez que se dirija a ti sin utilizar esas expresiones que quieres que desaparezcan, decirle que te gusta mucho más que lo haga así.

Espero que estas pautas sean útiles a muchos padres y madres y que sigáis haciéndome consultas de este tipo vía Facebook o correo electrónico. Muchas personas pueden verse reflejadas en vuestras experiencias e identificadas con vuestros problemas. Y, además, ¡a mí me encanta!

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