Aunque duela, siéntelo. Se pasará.

El otro día compartí esta imagen en Instagram. Para mí es significativa pero ha tardado en serlo. Y como mi misión es la de traducir estos mensajes un poco abstractos para poderlos llevar a cabo, el post de esta semana va dedicado a ello.

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Eso que nos irrita tanto de los demás…

Cada vez que me sacaba de quicio que una persona exigiera su máxima comodidad para estar bien al margen de que estuviera entorpeciendo a los demás, estaba proyectando. Porque a mí también me gustaría estar comodísima, pero me han ensañado que tengo que ser sufrida y lo soy, pero no por voluntad propia.

Cuando me molestaba que alguien a nivel académico o profesional intentara algo que yo no había hecho, estaba proyectando. Porque era algo que yo no me había atrevido a hacer y me lo pasaba por los morros que sí se puede.

¡La envidia no es tan mala!

¡La envidia no es tan mala!

Cuando no soportaba que alguien le echara mucho morro a la vida, estaba proyectando. Porque a mí me hubiera gustado hacerlo, pero era más importante el qué dirán, que lo que yo pudiera conseguir.

Cuando criticaba a alguien por ser tan empalagosa con su pareja, estaba proyectando. Porque a mí me gustaría que la mía fuera más cariñosa conmigo, pero como voy de progre e independiente por la vida, no permitía que fuera así.

¿Por qué te molesta tanto?

¿Por qué te molesta tanto?

Cuando se me soltaba la lengua para poner a caldo a una chica con una vestimenta estrafalaria que veía por la calle, estaba proyectando. Porque yo me estaba reprimiendo de vestirme de alguna manera menos convencional, pero no me atrevía.

Cuando señalas a otro, tres dedos apuntan a ti.

Cuando señalas a otro, tres dedos apuntan a ti.

Cuando me contaban que alguien se había ido a vivir a un pueblo y yo, con condescendencia y altivez, pensaba “a ver cuánto dura”, estaba proyectando. Porque yo también quería, quería muchísimo hacer lo mismo, pero me había convencido de que sería incapaz de lograrlo.

Con lo bien que estoy ahora yo en el mío...

Con lo bien que estoy ahora yo en el mío…

Ahora soy consciente de todo esto, y esa crítica, esos juicios, esa rabia, los he convertido en información útil para mi vida. Es como utilizar la basura como combustible. Al igual que cuando os hablé de la envidia, cada vez que proyectamos, podemos obtener un montón de información sobre nosotr@s mism@s.

Negar que proyectamos, como negar la envidia, son actitudes normales, pero hay que gestionarlas adecuadamente. No debemos juzgarnos por ello. Todo el mundo proyecta, todo el mundo siente envidia. Y NO ES MALO.

Aceptar que proyectar es un mecanismo de defensa, puede facilitar que aceptemos con mayor facilidad la información que nos proporciona la propia proyección. Ganaremos en autoconocimiento, autoestima y humildad entre otras.

De verdad, cada vez que algo te saque de quicio, párate a pensar, ¿por qué me molesta tanto esto? ¿Lo hago yo? ¿Qué tiene que ver conmigo? Porque una cosa es que algo te moleste porque es una falta de respeto o porque le molestaría a cualquiera, no son este tipo de cosas a las que me refiero. Sino a las experiencias que te tocan especialmente, que te enervan y que no puedes controlar que te irriten tanto.

Una vez, en pleno verano, una amiga iba con botas de agua, eran muy chulas, eso sí, pero no llovía y no era un calzado muy apropiado para esa época del año. Las llevaba casi todos los días. Y un día, tomando algo en un bar, vio a otra chica que no le caía muy bien que llevaba un corsé, era bastante original y no le quedaba nada mal. A mi amiga le faltó tiempo para comentar que era muy poco apropiado ir con esa prenda. Todos los que estábamos alrededor, tuvimos que hacer alusión a su calzado, ya que puestos a escoger… era menos adecuado que el corsé de la otra chica.

Con esto quiero decir que muchas veces  no vemos lo que está a los ojos de todo el mundo y que si nos queremos engañar, podemos hacerlo, pero es mucho más práctico no hacerlo.

¿Qué hacer cuando mi hijo de tres años llama “tonto” a todo el mundo?

Ésta es la consulta que me ha hecho una madre:

“Tengo un niño de 3 añitos, que ha empezado a utilizar las palabras “tonto” y “caca”. Cada vez lo hace con más frecuencia. Al principio no le daba importancia porque sólo lo utilizaba en casa y a mi no me molestaba, lo consideraba que era un juego para él. Me decía “hola tonta”,”Es de mentira mama”. Pero lo que no sé como gestionar es cuando lo utiliza fuera de nuestro entorno. Cualquier persona mayor que se le dirige al él, le contesta con “Hola tonto”. O si le preguntan alguna cosa le contesta con la palabra “caca”. Me resulta incomoda la situación, porque la reacción de la otra persona suele ser: “Eso no se dice” o “no seas mal-educado”. Y además que se pueda sentir insultado. Yo entiendo que para él es un juego y no tiene otra intención, y mucho menos la de insultar a esa edad. Yo le he dicho que hay personas que no entienden su juego y que se pueden molestar con esas palabras. Pero él continua diciéndolo y cada vez más. Lo hace tanto con conocidos como no conocidos, (sus abuelos, tíos).

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Lo que he conseguido gracias a la envidia

Me encantan las buenas noticias. Me encanta que me las cuenten. Bueno, con matices. A veces, algunas, me molestan. Es cuando siento envidia. Envidia de la mala, de la única, vaya. Envidia de la buena no existe. Eso será otra cosa, admiración, deseo de tener lo mismo que otro… Pero la envidia siempre conlleva el deseo de que eso que anhelas en otro, lo pierda, para así sentirte bien o menos mal.

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