¿Se puede practicar escucha activa con un bebé?

Escuchar al otro es tenerlo en cuenta, hacerle caso, apreciar su necesidad de expresarse. Y cuando el otro es un niño, además de todo esto, cuando le escuchamos, le estamos validando. Estamos transmitiéndole que es válido lo que nos cuenta y lo que siente. ¿Qué significa que es válido? Que vale, que se puede, que es normal.

Que te hagan caso, acompaña, te incluye. Que no te lo hagan o que no te comprendan, te aísla, te excluye.

Cuando un bebé llora, que es la forma más potente que tiene de llamar la atención para cubrir sus necesidades, es porque necesita algo. ¿Y qué será? A saber… cambiar el pañal, frío, calor, hambre, sueño, cólicos, dientes, dolor… Y si tiene todo eso cubierto, pues será simplemente atención. Contacto humano, piel, calor, latidos, sentir que le importa a alguien. Esto es hiper necesario para un adecuado desarrollo emocional. Para desarrollar una autoestima sana y, consecuentemente, unas sanas relaciones sociales.

Estar con el bebé le transmite que es importante.

Estar con el bebé le transmite que es importante.

Y ahora viene la temida pregunta: ¿y si se acostumbra? ¿A qué? ¿A que le hagan caso? ¿A que se le responda cuando se expresa? ¿A que se interesen por él? ¡Más vale que se acostumbre a ello! Si no, va a tener una vida llena de desconfianzas, con problemas de autoestima y dificultades para relacionarse de una forma sana.

Con frecuencia me encuentro con temores de padres y madres que no saben cómo actuar ante las llamadas de atención de sus hijos, sobre todo cuando aún no saben expresar el porqué de sus emociones. Tienen miedo de responder o de prestar demasiada atención al bebé, no se vaya a acostumbrar a esta siempre en brazos, a dormir en la cama con sus padres y que luego desacostumbrarlo sea imposible. Mira este vídeo, ¿no sientes la calma que embarga a esta pequeña gracias a la compañía de su padre? No puede ser malo hacerles caso…

El llanto es su forma de llamar tu atención.

El llanto es su forma de llamar tu atención.

Dar cariño a un niño, no es malcriar ni consentir. Pero cariño cariño. No cosas, ni ausencia de límites. Afecto, respeto, atención, tiempo, hablarles, preguntarles, explicarles, tratarlos con paciencia.

¿Y qué pasa con el tema de la frustración? Tendrán que aprender a soportar que no se les haga caso siempre, ¿o no? Por descontado que va a haber momentos en los que tu hijo necesite de ti y no te tenga, porque en algún momento te vas a separar de él físicamente y no vas a poder atenderlo. Son esos momentos, en los que no estés, en los que tendrá que ir acostumbrándose a eso. Igual que cuando tenga hambre y no puedas satisfacer en ese momento esa necesidad porque tarde en calentarse la comida, porque estéis llegando a casa o porque no sea suficiente lo que le hayas dado. Pero, ¿a que no dejarías a propósito que pasara hambre para que se acostumbrara a la frustración de no poder comer? Pues con hacerles caso, es lo mismo.

Federico II de Prusia quiso averiguar qué lenguaje usaría el ser humano si nadie les enseñara uno, así que ordenó que se aislara a un grupo de bebés de algún orfanato, que se les diera de comer y demás, pero que no se les hablara, que no de interactuara con ellos, excepto los cuidado “mínimos”. ¿Sabéis qué lenguaje hablaron? Murieron. Todos.

Lo que consideramos cuidados mínimos va más allá de la nutrición.

Lo que consideramos cuidados mínimos va más allá de la nutrición.

El desarrollo del vínculo del apego es básico para el ser humano, y se desarrolla gracias a hacer caso a los bebés. A tratarles con cariño y dar respuesta al máximo de peticiones que hagan, dentro de lo razonable para el estilo de vida de cada uno. ¿No te has preguntado nunca por qué la piel es el órgano más grande del cuerpo humano? Quizá sea para garantizar que se desarrolle este vínculo, transmitido en gran parte por el contacto físico, el calor, el tacto, la percepción de la compañía…

Cuanto más atendáis las necesidades de vuestros hijos a nivel de afecto y atención, más independientes, autónomos y seguros serán en un futuro. Porque según se va llenando la sensación de que son importantes para los demás, dejarán de demandarlo, porque lo sabrán, ya se lo habrán creído.

Por el contrario, el privarles de esa atención, especialmente en momentos tan tempranos, puede suponer que siempre se encuentre vacío ese saco y para sentirse bien con ellos mismos tengan que ir buscando la aprobación en los demás, no confíen en ellos, sean demasiado demandantes o invasivos en sus relaciones o les cueste madurar.

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