Digo que no menos de lo que querría

Lo admito. Soy consciente. Creo que lo hago porque sigo dependiendo de la aprobación ajena más de lo que me gustaría. Y sé que la base está en la autoestima. Estoy en ello, trabajándomela, pero al igual que las relaciones hay que cuidarlas, la que tenemos con nosotros mismos, también.

¡Me he vuelto a callar!

¡Me he vuelto a callar!

Hay momentos, a lo mejor, en los que nos sentimos más seguros, o nos da todo más igual, a los dos cosas juntas. Pero hay otros en los que ni una cosa ni la otra, y entonces, en mi caso vuelvo momentáneamente a las andadas, y me cuesta decir que no.

También podemos ser presos de nuestro silencio.

También podemos ser presos de nuestro silencio.

También tiendo a decir las cosas con un tonito… que no es el más adecuado. Intento hacerlo bien pero se me ve el plumero, soy mordaz. Mejor dicho, desarrollé mordacidad por pura superviviencia por un tiempo, y me cuesta sacudírmela de encima. Y eso… no es bueno para mis relaciones y además luego me siento mal por haber sido así de borde.

Quizá sea por la misma razón que me cuesta decir que no. Creo que me siento atacada con cierta facilidad, el victimismo también me cuesta sacudírmelo de encima. Es una postura ciertamente egocentrista, pensar que los demás hacen cosas con el objetivo de fastidiarme, como si no tuvieran nada mejor que hacer…

Antes era peor pensada que ahora, por eso lo de bienpensar, enseño lo que tengo que aprender. No obstante, como digo, las costumbres, cuesta mucho cambiarlas. Pero cuesta menos cuando sabes de dónde vienen.

Ser asertivo, cuesta. Y que lo sean con uno, también. ¿Por qué? Porque estamos acostumbrados a cierta falsedad. Si bien, la sinceridad también está sobrevalorada. Mejor dicho, los juicios basados en el “es que yo soy muy sincero”. Si nadie te pregunta, no des tu opinión sobre algo que ni te ve ni te viene: mi forma de vida, de vestir, de hablar, de comportarme, por poner algunos ejemplos.

Nuestras creencias sobre las relaciones también deberíamos someterlas a una exhaustiva evaluación. Muchas veces no le decimos algo a alguien porque pensamos que se lo va a tomar mal, ¿por qué? ¿Tan mal nos sentaría a nosotros? Pesan mucho las historias que nos contamos a nosotros mismos, suelen ser de terror y nos pueden hacer pasar verdaderos calvarios.

alivio

Decir las cosas nos quita un peso de encima.

Pensar y repensar algo que queremos decirle a alguien pero no nos atrevemos porque miedo a las represalias… puede medrar mucho el ánimo y la salud. ¿No te ha pasado nunca que después de llevar dándole vueltas a lago durante meses incluso, un día decides soltar la bomba, y cuando la sueltas ni es bomba ni es nada, y te arrepientes de no haberlo hecho antes? Pues deberíamos tomar nota de estas experiencias…

¿Qué puedo hacer para ser más asertiva?

  • Trabajar en mi autoestima. Recordar, por ejemplo, el post “Se me olvida que me voy a morir”, para darle la importancia justa a las cosas, sin olvidar que solo viviré una vez y que merezco hacerlo a mi manera, sin rendirle pleitesías a nadie.
  • Instalar la creencia de que nadie está en mi contra, de que la gente no es mala, que puedo confiar en ella y que no soy tan importante como para que el mundo entero esté conspirando contra mí.
  • Bienpensar: atribuír siempre la explicación a las cosas que me pasan que sea más benévola. Así podré compensar un poco mi suspicacia y no responderé tanto a la defensiva.
  • Aceptar cuando los demás son asertivos conmigo, aprender de estas situaciones y pensar en lo anchos que se habrán quedado cunado me hayan soltado un no o una crítica y lo sana y agradable que es esa sensación. Y que yo merezco también sentirla.
  • Entender que no puedo controlar las reacciones de los demás, pero que si mi intención no es mala, en principio, no tiene por qué sentarle mal a la otra persona que yo sea asertiva.
No podemos controlar cómo el otro se tome las cosas.

No podemos controlar cómo el otro se tome las cosas.

  • Pensar menos, lo justo, y actuar más. No significa que no haya que reflexionar las cosas, pero una cosa es reflexionar y la otra es rallarse, entrar en bucle y enloquecer (de esto también sé un rato). ¿Dónde está el límite? En que el pensamiento sea constructivo o destructivo. Si es destructivo y sólo el miedo lo alimenta, da el paso, exprésate y que sea lo que quiera, pero suéltalo.

A ver si con esto, se me empieza a dar mejor el tema de la asertividad.

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2 comentarios

  1. Hola Pilar;

    A mi siempre me ha costado muchísimo decir que NO o ser sincera, en el momento, cuando algo me molesta.

    Estoy trabajando en esa dirección y poco a poco estoy aprendiendo a decir no o a no callarme delante de una ofensa o algo que me parece injusto.
    Poco a poco lo voy consiguiendo, peró no siempre me sale como esperaba.

    A veces la sensación de liberación viene substituida por una de resaca, pués no siempre consigo salirme de una forma elegante. Creo que digo que NO o contesto ante el problema, con un tono ofendido o agresivo, y creo que eso quita razón y peso a mis respuestas ante el interlocutor. O al menos, a mi, me hace sentir una resentida.

    Como aprender a hacer algo, que no se hacer, peró además; hacerlo bién?

    Grácias bonita y animo con tu blog, es precioso!!!

    • Hola Cristina, muchas gracias a ti por contribuir a que este blog tenga más puntos de vista y enriquecerlo. El hecho de que estés trabajando en ello está muy bien, lo de la forma elegante… será cuestión de pulirlo más. De momento, con expresarte y no quedarte callada, ya está muy bien. La asertividad es algo que se puede aprender y que cuanto más se practica, mejor sale. ¿Cómo reducir ese resentimiento? Quitándole importancia a lo que el otro dice, pero sólo se la podrás quitar realmente cuando te creas que lo que dice no te define, y esto se gana con la seguridad, la confianza, la autoestima… Todo aprendizaje lleva un tiempo, hay que ser paciente y comprensivo con uno mismo.
      ¡Muchas gracias de nuevo!

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