Un día caminando por Zaragoza, me crucé con un padre y una hija de unos cuatro años. Debía ser la hora de comer y me sorprendió mucho que él le dijera a ella “¿quieres que te compre un chicle?”.
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Un día caminando por Zaragoza, me crucé con un padre y una hija de unos cuatro años. Debía ser la hora de comer y me sorprendió mucho que él le dijera a ella “¿quieres que te compre un chicle?”.