Un día caminando por Zaragoza, me crucé con un padre y una hija de unos cuatro años. Debía ser la hora de comer y me sorprendió mucho que él le dijera a ella “¿quieres que te compre un chicle?”.
No recuerdo en mi infancia que mis padres me ofrecieran comprarme algo como algo habitual. A esa pareja que os comento, no la he vuelto a ver porque eran unos desconocidos y no sé si hacían eso de forma frecuente o era una ocasión excepcional. Pero es un comportamiento que observo en muchas ocasiones.

Así nunca van a diferenciar un capricho de una verdadera necesidad.
Creo que es un error ofrecer tantas cosas y opciones a los niños.
Con respecto a las cosas, espera a que te las pidan. ¿Por qué?
- Porque tienen que aprender a pedir las cosas y a hacerlo educadamente.
- Porque tienen que aprender a detectar sus propias necesidades. Si siempre estamos ofreciendo les estamos dificultando que sepan si quieren algo y cuándo lo quieren.
- Con ese ofrecimiento constante, nos estamos mostrando demasiado disponibles para ell@s. Les estamos acostumbrando a estar siempre a su servicio y luego suceden dos cosas: que no tienen iniciativa por proporcionarse a ell@s mism@s lo que quieren y que como progenitor@s, acabáis cansadísim@s a lo largo del día.

Esto provoca que los hijos no te respeten.
- Cuanto más los agasajemos, menos recursos tendremos para conseguir lo que queremos. Ejemplo: si siempre les das a tus hij@s una moneda de chocolate después de comer, el día que quieras que se acaben algo que les gusta menos, ya no podrás premiarles con eso porque le has quitado el valor. Si consiguen cosas sin hacer nada, será muy difícil que consigas motivarles cuando lo necesites.
- Si siempre hay alguien revoloteando a su alrededor ofreciéndoles cosas, se creen que son el centro del mundo, más importantes que nadie. Y eso ni es verdad ni es bueno para un desarrollo emocional sano.
Pero, ¿por qué esa tendencia? ¿Por qué les preguntamos todo, les pedimos opinión para todo y nuestras actividades giran tanto en torno a l@s niñ@s? Yo creo que es porque pensamos que l@s niñ@s necesitan lo mismo que los adultos, los tratamos de igual a igual y eso no es bueno para ellos.
Necesitan límites y ésta es una forma de ponérselos.
Muchas veces les preguntamos, ¿qué quieres para merendar? ¿Qué ropa te apetece ponerte? ¿Quieres que te ponga hielo en el chichón? Y muchas veces, no saben la respuesta. Si tú sabes lo que es bueno en cada momento para ellos, hazlo. Confía en ti. Tu criterio es bueno. Al menos, tienes más experiencia y madurez que un niño. Además, nos podemos evitar muchos conflictos.
Otra cosa es que ellos te pidan otra cosa diferente a la pensabas hacer. Pues ahí ya les podemos escuchar y tener en cuenta su opinión. Pero no pedir por sistema su aprobación a cada cuestión que se da.
Genera inseguridad sentir que tus padres dejan en ti la responsabilidad de escoger todo. ¿Por qué? Porque para hacer buenas elecciones hace falta criterio y éste sólo se desarrolla a lo largo del tiempo y la experiencia. Y ell@s no la tienen (tú sí).

Demasiada responsabilidad genera angustia.
Ya llegará el día en el que quieras que te hagan caso y no lo consigas. Mientras tanto, no tengas miedo de “imponer” según qué cosas. Es una de tus funciones como padre o madre.


