La negatividad sirve para algo bueno

Todo lo que hacemos tiene un porqué y un para qué. Hasta la negatividad, que a priori no es buena, lo tiene.

Pero que lo tenga no significa que tengamos que intoxicarnos con pensamientos negativos y pesimistas.

Me explico. La negatividad no es buena. Siento si te he confundido con el título de este artículo… Pero la intención que tenemos al practicarla, sí lo es.

¿Para qué somos negativ@s?

Para protegernos. ¿Y de qué?

De la desilusión.

¿Sí? ¿Lo ves claro? Muchas veces, nos ponemos en lo peor para no hacernos demasiadas ilusiones y creemos que así el batacazo será menor. Tiene cierta lógica. Pero el funcionamiento real de las emociones no es este.

Lo que pasa cuando somos negativ@s es que nos focalizamos en lo malo. Nos preparamos para ello y lo atraemos. Nos entrenamos para que algo nos salga mal. Igual que os he hablado algunas veces sobre la visualización de lo que queremos conseguir y su efecto, pasa lo mismo con lo que no queremos conseguir. Si lo pensamos, lo acabamos provocando.

Lo que pasa es que centrarnos en lo que queremos nos da miedo porque, ¿y si no lo conseguimos? En este caso, el error está en pensar que no conseguir algo que nos hemos propuesto es algo horrible. A ver, no es agradable, pero no es terrible. Depositar nuestra felicidad en conseguir una sola cosa, no es bueno. Pensar que no conseguir algo es un fracaso, es un error.

Una de mis frases favoritas.

Muchas veces medimos nuestra valía por el resultado de nuestros actos y ese es otro gran error. NI VALES MÁS POR ACERTAR NI MENOS POR EQUIVOCARTE. ¿Cómo te quedas?

Otro error es hacerse ilusiones sin fundamento. Las ilusiones no pueden ser castillos en el aire. No podemos pensar que algo que cuesta mucho conseguir, nosotr@s lo vamos a lograr a la primera. Es necesario que basemos nuestra ilusión en algo con ciertos cimientos. En trabajo, en disciplina, en constancia… No significa que seguro que lo vayamos a conseguir con esas actitudes, pero sí tenemos muchas más papeletas de hacerlo.

Estos castillos en el aire no tienen mucho fundamento.

La ilusión no tiene muy buena prensa. Es una emoción que se suele asociar a personas frágiles, pueriles, vulnerables… Ser iluso no es positivo, es ser fácil de engañar, suponer que todo el mundo tiene buenas intenciones. Creo que por esto también nos cuesta hacernos ilusiones. No queremos dar ni tener esa imagen inocentona de nosotr@s mism@s. ¿Y qué es mejor, ser un@s amargad@s dur@s y fuertes que no intentan nada y, consecuentemente, no consiguen nada?

El optimismo no se lleva mucho con la ilusión. Se entiende como algo parecido: que con ser optimista ya se consiguen las cosas. Y por supuesto no es así. El optimismo tiene que ir acompañado de actitudes. Por el simple hecho de desear algo, no va a suceder. Pero si hacemos cosas para conseguir un objetivo y además lo deseamos un montón, estaremos favoreciendo que suceda. Por el contrario, si trabajamos en ello pero somos negativ@s para evitar la desilusión estaremos contribuyendo por un lado, pero perjudicándonos por otro. ¿Qué tal si remamos a nuestro favor?

La ilusión es una fuente inagotable de energía. Sí, te desilusionas, pero luego te recuperas. Sin ilusión, la vida pierde sentido. Juégatela e ilusiónate.

¡Hala venga!

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