¡Yujuuuuu! Por fin, ¡vuelta a la rutina!

¡Ay qué ganas tengo de que vuelva la rutina…! Y eso que hago esfuerzos por que estas fechas no me descoloquen demasiado, pero la inercia de las celebraciones… ¡Tiene mucha fuerza!

Yo que quería descansar estos días, estar en casa, pintar, leer, adelantarme trabajo, poner un poco de orden… Y de eso… ¡poco!

Uno de mis estados favoritos.

Uno de mis estados favoritos.

Total, que lo que pensaba que iban a ser días de relax y recogimiento, no lo han sido para nada. Y contenta, eh. Pero ya me veo coche arriba, coche abajo la semana que viene…

Y es que mi rutina me gusta bastante, ¡bendita rutina!

Alguna vez ya he escrito sobre este tema. Esta pobre palabra tiene unos matices negativos que no veas, pero se puede hacer uno una rutina estupenda. No tiene por qué ser monótona ni aburrida. A mí eso no me gusta nada. Me encanta cambiar. Pero me gusta llevar unos hábitos ordenados.

¿Qué ingredientes quieres que tenga tu día a día? Puedes escoger los que dicen que son buenos: deporte, comida sana, buenos hábitos… Pero lo importante es que sean cosas que te gustan.

Puestos a escoger... que sean cosas que nos gustan, ¿no?

Puestos a escoger… que sean cosas que nos gustan, ¿no?

Leer, escuchar música, cantarla, pasear, ver pelis, quedar con tus amigos, costura, deporte, jugar a la play, pasear con tu perro, pintar, hacer fotos…

El otro día escribí sobre cómo ayudar a l@s crí@s a que se gestionen su tiempo libre. Y es que me encuentro muchas veces con adultos que no saben cómo hacerlo. Yo misma tuve que hacer un gran esfuerzo para gestionarlo. A mí me gustaba hacer muchas cosas pero nunca encontraba tiempo para hacerlo. O espacio. O las ganas. Me puse hasta un horario. De esa manera conseguí gobernarme un poco, hasta que instalé los nuevos hábitos.

A mí me encanta hacer cosas con las manos.

A mí me encanta hacer cosas con las manos.

Si te montas una rutina que te guste, que te motive, el concepto “volver a la rutina” se vuelve mucho más colorido.

Pero a parte del tiempo libre, tu rutina se compone del tiempo “ocupado”. Las obligaciones, ¿no? El trabajo por ejemplo. A veces, volver a trabajar es el principal motivo de la depresión post vacacional. ¿Te hace feliz tu trabajo? Si es que no, puedes intentar cambiarlo. Y digo intentar por no sonar demasiado optimista (pero lo que quiero decir de verdad es que PUEDES CAMBIARLO).

Ánimo. Hazlo. No será fácil ni cómodo, pero tampoco imposible.

¿Volver a la rutina supone que vuelvas hastiad@ al sitio en el que vives? Cámbiate de casa. De ciudad. De país.

Ánimo. Hazlo. No será fácil ni cómodo, pero tampoco imposible.

¿Tus relaciones sociales no te satisfacen? Adéntrate en otros círculos, prueba a relacionarte con otra gente, sal de tu zona de confort.

Ánimo. Hazlo. No será fácil ni cómodo, pero tampoco imposible.

Cuando das estos saltos, el vértigo puede ser hasta paralizante, pero no conozco a nadie que lo haya hecho y se haya arrepentido.

Puedes montarte una rutina que te encante. Hazlo. Es muy reconfortante el simple hecho de intentarlo.

¡Feliz vuelta!

 

 

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