Antídoto contra la desilusión

Llevo unos días viendo, leyendo, escuchando muchas opiniones, muchas críticas, la gente está enfadada, decepcionada, desilusionada, frustrada… No sé si esto acabará en resignación o en aceptación o en ver la parte buena de las cosas… Pero si sé que depende de cada uno de nosotr@s.

Prefiero ver el cielo medio despejado que medio nublado.

Prefiero ver el cielo medio despejado que medio nublado.

Todo ese cabreo es natural y, en parte, positivo. Porque es señal de que hemos reaccionado ante algo que durante mucho tiempo estuvimos normalizando. El enfado es una primera fase, pero no debemos olvidar todo lo que está bien, incluso muy bien.

¿Qué hay cosas mal? Pues claro, siempre las va a haber.

¿Qué resulta increíble que todo eso no cambie? Pues puede ser, pero es lo que hay… Pero que lo que está mal gane terreno a lo que no, depende de cada uno de nosotr@s.

Si entramos en la queja continua, si nos agarramos a la ira, si alimentamos el resquemor, perderemos.

Si convertimos todo lo anterior en ganas de mejorar, al margen de lo que haya sucedido en el pasado, reinvertiremos la energía en algo saludable.

Pensar esto ayuda a sobrellevar la decepción.

Pensar esto ayuda a sobrellevar la decepción.

Lo que no debe tener cabida es la resignación ni alimentar la creencia de no hay nada que hacer.

Yo tengo 35 años y no sé si fue a la gente de nuestra generación o es que es mi caso concreto, crecí con la idea de que no tenía poder, de que mi vida iba a ser tener que ser aburrida y llena de sufrimiento, de que todo había sido igual toda la vida y yo no lo iba a cambiar. Que mis posibilidades de tener una vida diferente a la de mis padres, la que me venía dada, iba a ser imposible. Tenía ideales ecologistas, por ejemplo, pero se me transmitía que no podría hacer nada por los animales ni los bosques.

Poco a poco fueron tirando abajo muchos de los sueños o ideales que tenía. Desarrollé eso que se llama indefensión aprendida y que se traduce en “total, para qué lo voy a intentar si no me va a salir…”.

Pero un día toqué fondo. Estaba amargada y empecé a darle la vuelta a muchas cosas y entre otras, a todo eso. Pero la vuelta no se la di en un día, no. Fue un intento continuado, una carrera de fondo, una lucha contra mi inercia de volver a lo de siempre.

Y no llega un momento en el que te relajas y todo ya va solo. La vuelta se la sigo dando todos los días. Y hay temporadas en las que tengo más fuerzas y adelanto y otras en las que tengo menos y me quedo un poco estancada.

Roma no se hizo en un día. Eso sí, lo importante es no retroceder y para ello hay tener muy a raya a la comodidad y a la resignación. Teniendo a estas dos controladas, seguro que vamos a mejor, todo va a salir bien, aunque ahora no te lo parezca.

No sería la primera vez...

No sería la primera vez…

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