Mi hijo de 7 años me ha dicho que me tiene miedo

Esta es una consulta que me han hecho recientemente. Os pongo en contexto.

El niño le ha sisado dinero a su madre (10€ de una hucha). Al preguntarle su madre por qué lo ha hecho y para qué los quiere, dice que es para comprarse cosas en la máquina del cole, ya que todos sus compañeros lo hacen y prefiere comer algo de la máquina en lugar del almuerzo que se lleva de casa. La madre le dice que si quiere algo, se lo podía haber pedido. Y el niño le dice que tenía miedo de que se enfadara si se lo pedía.

Es algo muy típico.

Es algo muy típico.

La madre no sabe cómo se ha creado ese miedo. Además, tampoco le gusta que su hijo le tenga miedo. Entendería que le tuviera miedo si ella le gritara o pegara cuando se porta mal. Incluso si se enfadara con él. Pero normalmente ella se autorregula bastante y no pierde los nervios cuando le reprende. No obstante, ni siquiera ella considera que pedir algo sea portarse mal.

Es un miedo muy potente.

Es un miedo muy potente.

Entonces, ¿a qué tiene miedo el niño? ¿Y por qué?

El niño tiene miedo a la reacción de su madre. Teme que la decepcione pidiendo algo como eso. Probablemente porque en otras ocasiones ella, inconscientemente, habrá reaccionado con esa emoción.  Quien dice decepción, dice cansancio o irritabilidad entre un amplio abanico de emociones desagradables que expresamos cuando tenemos que poner un límite a un niño.

L@s niñ@s necesitan el amor de sus padres más que el aire que respiran. Son capaces de cualquier cosa por sentirse aprobados, queridos y reconocidos. Venderían su alma al mismísimo diablo para que no les falte es sustento. Por eso es tan importante que tratemos de reaccionar con la mayor neutralidad posible. Y si ponemos el límite con cariño, mejor que mejor.

Amor y límites equilibradamente, una buena fórmula de educar.

Cuando hablamos de amor incondicional, nos referimos a que hay que querer a l@s hij@s siempre. Más concretamente, hagan lo que hagan. Se porten bien o mal. Normalmente, no se les deja de querer cuando se portan mal, pero no se les sigue tratando igual. Es decir, se les retira atención, cariño y muchas veces se muestra enfado hacia su comportamiento. Y lo que ell@s notan es que ese rato, no se les quiere.

Es así como nos han educado y como seguimos educando, pero eso es manipulación, chantaje emocional y amor condicional, no incondicional. Y si se lleva haciendo tanto tiempo, es porque “funciona”. Lo pongo entre comillas porque podemos conseguir que l@s niñ@s se sientan mal y no lo vuelvan a hacer. Pero son malas artes. Debemos conseguir que mejoren su comportamiento por otros medios más respetuosos que muchas veces dan resultado a más largo plazo. Debemos desarrollar nuestra paciencia y confianza en que aprenderán a hacerlo mejor en lugar de jugar con algo tan valioso para ell@s como es el amor que necesitan para sobrevivir.

La falta de respeto en poner límites, provoca esa herida.

La falta de respeto en poner límites, provoca esa herida.

Si les transmitimos que portarse bien es igual a agradarnos, no les estaremos enseñando un criterio propio y siempre estarán mendigando amor y aprobación. Quiéreles y demuéstrales que les quieres hagan lo que hagan y enséñales a comportarse mejor a través del ejemplo, el diálogo y tu paciencia.

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Un comentario

  1. Las expectativas de perfección de los padres a veces me pone los pelos de punta, lo veo demasiado a mi alrededor. No dejan margen para negociar en cosas que, como la que explicas, no son vitales (excepto que sea un tema médico). Otro tema que también me preocupa es el prejuicio de que los niños son tontos y por lo tanto no merecen ninguna explicación de nuestras acciones y decisiones (incluyendo castigos, reglas, remedios y demás). No saben lo bonito que es ver esas caritas cuando hacen “click” con tu explicación y ven que mamá/papá también son humanos y que hay espacio para fallar o divertirse. Yo recuerdo en mi infancia algunos “ya no te quiero”, “eres un desastre”, “haber tenido hija mujer para que sea menos femenina que el peluquero”, “porque lo digo yo y ya”, que lo único que hicieron fue alejarme de mi madre y acercarme a mis abuelos postizos que aunque nunca tuvieron hijos (eran tíos de mi mami) fueron excelentes educadores. Yo apliqué lo que ellos me enseñaron con mis tres hijos y si bien no son perfectos (¿quien lo es?), me siento satisfecha con el resultado cuando los veo seguros de sí mismos, responsables e independientes y sobre todo “conectados” conmigo (inclusive en su adolescencia) y dispuestos a escuchar mis consejos (así ellos tengan contrapropuestas) o aceptar mi autoridad cuando el tema no es negociable (como su seguridad).
    Esta manera perfeccionista y estresada de crianza ¿no es también una forma de maltrato?. ¿No nos damos cuenta que desde el inicio ya pavimentamos el camino para una adolescencia complicada?
    Yo tuve suerte de haber sido acogida por tanto abuelo (tuve 6) y estaré por siempre agradecida por ello.

    Muy buen artículo.

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