Me gustaría llevarme mejor con mi hermano

¿Qué hacer cuando la relación con un hermano no es buena por falta de comunicación, por cosas de la infancia que se han enquistado, cuando se han establecido unos roles y cuando a pesar de pedir perdón y perdonar, la otra parte nunca lo hace?

Las relaciones no maduran solas.

A veces, nos relacionamos con nuestros hermanos como si no hubiéramos madurado.

Nacemos en una familia y crecemos. El tiempo que somos niños se pasa muy despacio. Lo que nos sucede de niños influye mucho en nuestra personalidad, nuestra forma de relacionarnos con los demás, con nosotros mismos… De niños nos suceden cosas que no podemos entender, que nos afectan hasta el punto de cambiarnos o marcarnos durante mucho tiempo y que a lo mejor no somos ni conscientes de que nos han pasado.

De niños, pasan muchas cosas que no logramos gestionar.

De niños, pasan muchas cosas que no logramos gestionar.

Las relaciones entre hermanos, como todas las que se dan dentro de la familia, tienen mucho en lo que profundizar. Están muy idealizadas, como si tratarse bien o quererse o contar un hermano para lo que sea, fuera común, natural, normal y sencillo.

Probablemente estas cosas se hacen, pero no siempre de corazón, no siempre sintiéndolas desde dentro, sino porque tenemos las creencia de que hay que actuar así para “ser un buen hermano”.

Uno de los problemas que se dan cuando somos niños está relacionado con el tema de las etiquetas: el listo, el hablador, el raro, la desordenada, el vago, la trabajadora, el estudioso, la contestona, el obediente… Pesan como losas, cuesta mucho desprenderse de ellos, que dejen de colgarte el san benito y que no caigas en la inercia de comportarte como te han dicho que eres. Por mucho tiempo que pase, por mucho que cambiemos, para quienes crecieron con nosotros es difícil vernos de forma diferente. Y molesta que nos sigan viendo como antes, porque si hemos evolucionado, lo nuestro nos habrá costado y lo que menos nos apetece es que nos estén recordando constantemente que somos algo de lo que nos queremos desprender.

Las etiquetas que perduran pueden ser una parte importante del problema.

Las etiquetas que perduran pueden ser una parte importante del problema.

Y esto, molesta. Y cuando nos sentimos molestos, solemos ponernos a la defensiva. Y ante nuestra defensiva, los demás entran también al trapo. Cómo te pones, no es para tanto. Y aún te molesta más.

Porque es en la familia donde se suele utilizar mucho eso de que “donde hay confianza, da asco”. Pero no debería ser así. Don de hay confianza debería dar gusto. Porque nos conocemos, porque nos queremos (de una forma ciertamente incondicional) y porque probablemente estemos juntos de alguna manera toda la vida.

Conozco hermanos que para mí son gente maja pero entre ellos se han llevado mal mucho tiempo porque decían el uno del otro que eran lo peor. Tengo una amiga cuya hermana me cae súper bien, pero entre ellas no encajaban. Cuando le decía que me sorprendía la regular relación entre ellas, mi amiga siempre me daba muchos argumentos para ello. ¡Y lo que peor le sabia era que le dijera que se parecían un montón! Tenemos mucho, muchísimo en común con nuestros hermanos. No somos tan diferentes como a veces querríamos mostrar. Quizá están allí para mostrarnos las partes de nosotros que no aceptamos. ¿Te lo has planteado alguna vez?

¿Qué hacer entonces para mejorar una relación entre hermanos?

  • Tener claro que quieres mejorarla y por qué.
  • Manifestarle a tu hermano desde las emociones, cómo te sientes con esta relación, pero no responsabilizándole de tus sentimientos. Facilítale el encuentro: cuando él pueda, un sitio que le guste…
  • Pregúntale si quiere lo mismo que tú e interésate por cómo está viviendo esto. Cómo se siente teniendo esta relación que admitiría mucha mejora.
  • Si descubres que hay algo que hiciste que le dolió o le molestó especialmente, escúchalo. No te defiendas, no le digas lo que él te ha hecho a ti… Entrar en un intercambio de reproches no mejorará la situación. Alguien tiene que ser el primero en parar y si tú quieres que mejore la situación, tendrás que asumir ese rol.
  • Si hay cosas de él que no soportas, observa si esa faceta de alguna manera se manifiesta en ti y trata de aceptarla. Aceptándote a ti, le estarás aceptando a él.
  • No trates de tener la razón. La razón cierra puertas a la comunicación.
  • No olvides cuáles son tus derechos, que son los mismos que los suyos. Respétalos todos. Y si los tuyos no son respetados, di de la forma más amable que puedas que tal comentario te ha sentado mal.
  • Si poniendo todo esto de tu parte, no consigues que haya cierta apertura hacia resolver el conflicto, retírate dejando abierta la posibilidad de seguir hablando cuando él quiera. Respeta su ritmo para asimilar esta propuesta por tu parte. Piensa que estás haciendo todo lo posible para mejorar una situación y que hay que aceptar que las cosas son como son.

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Un comentario

  1. Pingback: ¿Por qué donde hay confianza da asco? - bienpensar.com

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