Cómo llevar eso de que tu padre no te quiera

Siempre me ha generado simpatía Manuel Díaz. Es el torero más conocido como Manuel Díaz “El Cordobés”. Al margen de su profesión, que es quizá lo que menos me guste, siempre lo he visto como un buen tío.

Ya sé que hablar del mundo del corazón y del cotilleo no es algo que suelo hacer y os puede sorprender. Pero el tema que nos ocupa hoy es algo que pasa, que le puede pasar a cualquiera. Y ya que esta es una historia pública, que no cuento intimidades ajenas ni propias (por un vez), es lícito comentarla, ¿no? Olvidaros de que es torero los antitaurinos y de que es famoso los que no veáis los programas del corazón.

Esta historia la conozco porque la he visto en la tele y en las revistas que hay en la consulta del dentista. Me atrae conocer la vida de la gente, sea famosa o no.

Y este chico me parece un ejemplo de inteligencia emocional.

No sé si conocéis su historia, pero es hijo “ilegítimo” de Manuel Benítez “El Cordobés”. Su parecido es llamativo, pero hasta hace muy poco el padre no ha reconocido al hijo como su descendiente. Y no lo ha hacho voluntariamente, sino que ha sido un juez quien lo ha dictaminado.

Parecido razonable.

Parecido razonable.

Tu madre te dice que tu padre es un hombre, pero él te dice que no. Te obvia. Te desprecia. No quiere ni verte. Y tú te ves tan reflejado en sus ojos que quieres seguir sus pasos. Y él no te deja. Te boicotea. Después de haberte dejado en la estacada. Y nunca le he oído una mala palabra hacia su padre. Con el dolor, la rabia que tiene que generar eso. Sentir que no vales para una persona que te dio la vida, que no eres suficiente, que te niega.

Y resulta que este padre, quedó muy pronto huérfano… Vivió en un ambiente de miseria y hambre entonces, como su hijo vivió con pocos recursos económicos. La historia se ha repetido, como tantas veces… Si no curamos las heridas, volvemos a provocarlas… Qué curioso es el perdón…

Es lo que más me llama la atención de este tema. El saber estar que ha tenido el hijo. Lo único que quería era ser reconocido, saber de dónde venía. “Mi lucha era juntarme un día con él como seres humanos y decirle que existo gracias a él y que le admiro.” Yo lo veía en la tele y pensaba: “para qué tanto esfuerzo, si tú ya sabes que es tu padre, para qué ir más allá”. Pero él habrá tenido sus razones y está contento con el resultado.

Pero elegantemente. Sin insultos. Sin reproches. Sin faltas de respeto. Sin esperar nada material a cambio. Solamente el reconocimiento. El no ser presunto, que le degradaba de alguna manera.

No defiendo que la gente haga estas cosas o no. Admiro las formas. El saber estar, la educación, la capacidad de perdón, que la madre no envenenara a su hijo porque el padre no quisiera reconocerlo…

Es muy difícil hacer las cosas así y por eso hoy quería hablar de este hombre y de su forma de proceder. Me parece ejemplar. Autocontrol, amor, asertividad, empatía y perdón son desde mi punto de vista, los protagonistas de esta historia.

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