Quiero ser como yo

Hice un bolso este año con este texto, bueno, os lo enseño.

En realidad, he hecho más de uno, ¡tienen éxito!

En realidad, he hecho más de uno, ¡tienen éxito!

Es una afirmación que a mí me parece súper sana, súper necesaria. Imagino que será porque durante mucho tiempo yo buscaba referentes en mi vida.

De pequeña, lo eran mis hermanas mayores. De adolescente, gente que iba conociendo y que me impresionaba. Por sus comentarios, su forma de hablar, su seguridad, los grupos de música que escuchaban… Básicamente por lo que parecían y lo que yo quería parecer…

Creo que era un calco de ellas, aunque intentara disimularlo.

Creo que era un calco de ellas, aunque intentara disimularlo.

Y cuando estaba en la universidad llevaba ya una mezcla interna que no sabía por dónde me daba el aire… A esto también se le llama crisis de identidad.

Malena en el espejo, de Elena Ferrándiz.

Malena en el espejo, de Elena Ferrándiz.

No sabía ni lo que me gustaba, ni lo que quería, ni lo que pensaba, ni cómo era yo misma. Y esa sensación no me gustaba nada, es un vacío aterrador.

Así que cuando fui incapaz de soportar durante más tiempo ese estado, me fui de viaje interior a redescubrirme. Vaya aventura… Me encontré de todo.

Encontré vacío, lo primero. Bueno, de eso ya partía. Me sentía hueca.

Pero tenía que descubrir desde cuándo había empezado a sentirme perdida. Y cómo no, en la infancia, encontré un buen cabo de que tirar del ovillo.

Recordar cómo era de pequeña, me ayudó.

Recordar cómo era de pequeña, me ayudó.

Sabía cómo era de pequeña y no tenía nada que ver con la persona en la que me había convertido. Decidí renunciar a mi esencia con tal de agradar. Quizá lo de esencia suene demasiado espiritual para un blog que se llama Bienpensar, pero es que todos la tenemos. Somos únicos, irrepetibles, genuinos.

Lo que pasa, es que a veces renunciamos a ese tesoro, por sentirnos parecidos a los demás. Por sentirnos aceptados. Para sentir que pertenecemos a una masa. Porque tenemos miedo de que no se nos quiera como somos.

Cuando yo me di cuenta de que me había vendido por no valorarme, que había renunciado a ser yo mientras escribía en mi cuaderno, lágrimas corrían la tinta. Qué pena… Lo tenía todo y lo perdí…

Pero dejando atrás los dramatismos, he de decir que nunca nos perdemos del todo. Siempre hay una forma de recuperarnos a nosotros mismos. Siempre hay una parte de ti que intenta sobrevivir.

Fue un viaje largo, duro, pero con unos resultados muy reales.

Por eso hice este bolso. Porque sólo quiero ser como yo. Como dice Extremoduro “No quiero ser como tú, ni como nadie”. Sólo quiero ser como yo, que lo mío me costó recuperarme.

Y me sorprende que la gente cuando lo vio decía que era un mensaje muy egocéntrico. Y es justo todo lo contrario. O no… Es simplemente que no quiero ser como nadie más, cada uno que sea como quiera. Mejor dicho, que sea como es.

flor

Pues igual que ser uno mismo.

Ser nosotros es lo mejor que podemos ser porque somos así. Y ni ha habido, ni hay, ni habrá jamás, nadie como tú. Así que, ¡disfrútalo!

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2 comentarios

  1. Hola me gustó mucho como hablaste me sentí identificada contigo ojalá pudieras compartir que viaje fue ese al que te ayudo a conocerte

    • Hola Graciela, fue un viaje simbólico, interior. Fue un trabajo personal que empezó hace 8 años y aún sigo en él, ¡nunca dejamos de conocernos! Gracias por tu comentario.

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