¿Cómo quieres que sea tu hij@?

¿Por qué educas de una manera y no de otra? ¿De qué depende? ¿Te lo planteas? ¿Te has parado a pensar en esto? ¿A qué le das importancia? ¿Cómo quieres que sea tu hij@? La respuesta a esta pregunta puede tener muchas interpretaciones…

A nadie le gusta que decidan por él.

A nadie le gusta que decidan por él.

Todos tenemos expectativas, es inevitable, hemos aprendido a tenerlas y romper ese hábito es difícil… Pero las expectativas dañan seriamente la felicidad… Y, entonces, ¿no debemos querer cosas para nuestr@s hij@s? Sí, podemos querer que se conviertan en X, pero no planteado como una expectativa, sino como un objetivo.

Cuantas más expectativas tengas, más insuficientes se sentirán.

Cuantas más expectativas tengas, más insuficientes se sentirán.

¿Y en qué se diferencia una expectativa de un objetivo? Que la primera es un deseo pasivo y el segundo es algo que nos planteamos de forma más activa y planificada. Por ejemplo, puede desear tener una vida determinada, con un trabajo determinado, una pareja determinada… y eso son expectativas. Cuando planificas cómo conseguirlo, se convierten en objetivos.

Ambos pueden aplicarse a temas vitales, como un trabajo, una familia, un lugar en el que vivir, un sueño… Pero cuando se aplican a personas que no son nosotros mismos, empiezan a complicarse la cosa. Porque cuando no se cumplen, nos decepcionamos y cuando esto ocurre, trasladamos nuestro descontento, a veces, hacia la persona en cuestión.

Y esa decepción l@s niñ@s la viven como propia.

Y esa decepción l@s niñ@s la viven como propia.

Un padre puede desear que sus hijos sean tal o cual cosa. Si no desarrolla un plan para que eso suceda, se va a frustrar con facilidad y esa frustración la pueden pagar sus hijos. Esto supone que el padre puede trasladarles decepción, reproches, falta de aprobación y de amor incondicional. Si el objetivo que querías que lograra, es suyo también, suficiente tendrá con no haberlo conseguido, no necesita además que le mires con “esperaba más de ti” en tus ojos.

Cuando esperamos determinadas cosas de nuestros hij@s, aunque sean objetivos, no podemos jugar con el amor que les profesamos como arma para conseguirlo. Sí, ya sé que da un rápido resultado, porque conseguimos lo que queremos con rapidez, pero lo que ellos sienten, es que no les queremos. Si estamos convencid@s de que es bueno para ellos y les hacemos entender con nuestra actitud y ejemplo de sus bondades, debemos respetar su ritmo de aprendizaje para que realmente sea significativo para ell@s.

Y en cuanto a los objetivos que podemos querer para ell@s, ¿los hay válidos o no? ¿Cuáles son? ¿De qué depende? El factor clave es el respeto. Sí que están la supervivencia, los límites, los valores como criterios educativos… Pero para mí, el más importante, es el respeto. Respetar sus tiempos, sus ritmos, su forma de ser… Claro que habrá momentos, muchos, en los que no esté para nada clara la línea que separa qué es respetarle o dejar que haga lo que le da la gana. Ahí ya entra el sentido común de cada uno o el ensayo error. Se puede observar qué pasa si un día permitimos algo y actuar la siguiente vez en consecuencia. Que dé un mal resultado no lo convierte en un mal irreversible.

¿Qué no decidir por ell@s? Sus compañías, sus estudios, en qué utilizan su tiempo libre, su forma de vestir, la música que escuchan, su forma de bailar, cómo expresar sus emociones, sus gustos, el tiempo que les lleva hacer los deberes… Claro está que aquí el factor edad no se puede obviar y que, cuanto más mayores son, más libertad hay que dejarles. Para que luego tomen “buenas decisiones” hemos tenido que, en los años previos, habérselas mostrado, reflexionado y dialogado sobre ellas.

Objetivo: mejorar como personas.

Objetivo: mejorar como personas.

¿Qué decidir por ellos? El autocuidado, el respeto en las relaciones, la confianza en uno mismo, la capacidad de gestionar el tiempo, el autoconocimiento, la capacidad de expresarse… Cómo lleven a cabo estas conductas, ya será su elección.

Con seguridad.

Con seguridad.

¡Así que si quieres educar hacia buenos fines, proactividad, respeto y mucho amor!

 

Cuanto más te enfades, peor resolverás un conflicto

El conflicto es algo inherente a la vida. Los tenemos con nosotros mismos, con las circunstancia que nos rodean, con nuestros compañeros de trabajo, con nuestra familia, con nuestra pareja, dilemas morales… Y, cómo no, con los hijos.

Cuanto más estrecho es el vínculo que te une a la persona con la que tienes el conflicto, más difícil es solucionarlo. ¿Por qué? Porque es más fácil que nos lo tomemos como algo personal. Y cuanto más personales te tomas las cosas, peor, menos autocontrol tienes para gestionar la situación.

Tal y como he empezado diciendo, hay que partir de que los conflictos no sólo son inherentes a la vida, sino que son oportunidades de mejorar las situaciones. ¿Cómodos? No, pero negarlos no va a hacer que desaparezcan y antes o después se pueden volver en nuestra contra.

Cuando padres y madres me hacen consultas sobre conflictos que tienen con sus hijos, hay un componente de enfado por el simple hecho de que surja el conflicto. Y eso ya es lo primero que nos dificulta poder solventarlo adecuadamente. No es que haya que alegrarse, simplemente hay que aceptarlos como vienen.

Enfadarnos nos resta poder.

Enfadarnos nos resta poder.

De cómo reaccionemos ante los conflictos, dependerá cómo nuestros hijos aprendan a reaccionar. Sean del tipo que sean. En general, hay que enfadarse menos, en el momento oportuno y con la persona adecuada. Cuanto más tranquilos estemos, más eficientes seremos a la hora de resolver el problema que sea.

Podemos enseñarlas a resolver conflictos si nosotros los resolvemos adecuadamente.

Podemos enseñarlas a resolver conflictos si nosotros los resolvemos adecuadamente.

¿Qué hacer entonces para resolver los conflictos adecuadamente?

  • No te tomes nada como personal. Muchas veces padres y madres comentan sobre sus hijos “me ha suspendido dos”, “me ha pisado todo el fregado” o frases por el estilo. Al igual que la gente no nos hace cosas, sino que la gente hace cosas que nos sientan de una u otra manera, con los hijos es lo mismo. Vigila tu lenguaje interno, porque en función de cómo te cuentes lo que sea que te haya pasado, tu reacción podrá ser más o menos controlada por ti.
Escoge un lenguaje interno constructivo.

Escoge un lenguaje interno constructivo.

  • Esto supone ver el conflicto a solventar no como un agravio contra ti o como una desobediencia a tus normas, sino como algo aparte de ti. Como algo entre tú y tu hijo que hay que solventar pero no como una lucha de razones o una comparación constante de argumentos.
  • Escuchar. Dejar que ambas partes hablen desde su visión, tanto de lo que sienten como de lo que piensan y si es en este orden, mejor. Es más fácil entendernos cuando hablamos de cómo nos sentimos porque ahí nos mostramos más vulnerables y abiertos y esto suele generar en el otro empatía y apertura. Si sólo nos comunicamos desde la razón, es más fácil que el otro pretenda convencernos o tener su razón.
  • Piensa que cada vez que reacciones de esta manera ante la resolución de un conflicto con tu hijo, le estarás enseñando formas mejores de que él los gestione, cosa que va a ser muy beneficiosa en sus relaciones.
  • No evites el conflicto, pero tampoco lo busques.
  • Hay que saber darse cuenta de en qué jardines nos metemos y si estamos dispuestos a llegar hasta el final. Si estás cansad@, si has tenido un mal día o si no tienes muy claro lo que hay que solventar, no te metas en materia. Que la resolución de conflictos tenga un poco de planificación y que tú te encuentres en tus mejores facultades para ello.
Si tienes un mal día, aborda el conflicto en otro momento.

Si tienes un mal día, aborda el conflicto en otro momento.

  • Es importante que tengas claro el conflicto, delimitado, bien explicado. No todo lo que te molesta son conflictos.
  • Una vez que vayas dominando el arte de resolver conflictos, puedes incluso empezar a prevenirlos. Como por ejemplo, no anticipando acontecimientos con niños pequeños sobre planes que tienes en el futuro que no sabes si se van a poder materializar o no dar opciones si en el fondo lo que quieres que hagan es lo que tú quieres.

Espero que estas pautas os sirvan para manejaros mejor en vuestro día a día con los conflictos y si hay algo que se me escapa o algún ejemplo concreto que no sepas cómo afrontar, estaré encantada de responder tus dudas.