El mito del amor incondicional

Siempre que hablo del amor incondicional, levanto ampollas. Suelo decir que apenas existe.

Bueno, he de decir que solo me he sentido querida incondicionalmente por una perrita que tuve un tiempo. Ella me quería aunque le diera de comer tarde. Aunque la sacara menos a pasear de lo que ella quería. A pesar de gritarle cuando me asustaba porque cruzaba la calle y la podía atropellar un coche.

Quienes tengan perro me entenderán.

No estoy siendo sarcástica ni me estoy tomando a cachondeo el post. Simplemente digo que no podemos querer a la gente al margen de lo que nos haga. De hecho, cuando eso sucede, muchas veces en la violencia de género, por poner un ejemplo, es en una situación de relación altamente tóxica mediatizada por la dependencia. Es una cuestión de aprendizaje, de protección.

Tengo una amiga que se sorprendía del amor incondicional que le profería su bebé. Me decía que aunque el pequeño se mostrara molesto porque ella le quitara los mocos y llorase para expresarlo, se le pasaba enseguida. No tardaba nada en volver a sonreírle y en volver a querer estar con ella. Me hizo gracia que a ella le sorprendiera, pero realmente es que sorprende. L@s hij@s también quieren de forma incondicional, hasta que aprenden a no hacerlo. Y no es malo, es una cuestión adaptativa. Si te quiero pero me tratas a patadas… Más vale que deje de quererte, o al menos de exponerme a tu maltrato.

Volviendo al tema que nos ocupa, me gustaría profundizar en cómo se demuestra el amor incondicional. Porque una cosa es sentirlo, pero hay que demostrarlo. Otra cosa es decirlo, que puede llegar a ser muy fácil, pero que tampoco es demostrarlo.

Demostrarlo es lo más difícil. Pero querer de forma incondicional, sólo se puede hacer demostrándolo. No sirve de nada que lo sientas si no lo demuestras.

Lo más parecido al amor incondicional en los adultos se demuestra queriéndonos con nuestros defectos y nuestras virtudes. Conociendo cómo somos y no esperando que seamos de otra manera. Pero tampoco es incondicional. Si me traicionas 2 ó 3 veces, probablemente, dejaré de quererte. O al menos de tener relación contigo. Te quiero a condición de algo. Me tiene que compensar ser tu amiga.

¿Cuándo no queremos de forma incondicional? Cuando lo hacemos a condición de algo. Es decir, prácticamente sólo queremos de forma condicional.

Con respecto a l@s niñ@s, necesitan el amor incondicional para sentirse querid@s, para desarrollar una sana autoestima, para no renunciar a lo que son a cambio que les quieran. Si no lo tienen lo buscarán en otras figuras durante toda su vida. En forma de aprobación o reconocimiento en personas de autoridad. En forma de dependencia en las parejas. A ell@s hay que hacer el ejercicio de quererl@s de forma incondicional al igual que hay que alimentarles y darles cobijo. No puedes reaccionar con ell@s como lo harías con otro adulto. Y hago la distinción: digo niñ@s, no hij@s. Cuando se hacen mayores ya es otra historia, porque no necesitan tanto ese amor incondicional, al menos no para desarrollarse. Cuando más se les haya querido de forma incondicional, más serán capaces ell@s de tratarse de esa manera.

¿Qué hacemos para no quererlos de forma incondicional?

Cuando les decimos que no son buen@s, es como si les dejáramos de querer. Aunque no sea así, es lo que pueden percibir.

Cuando no son como queríamos, aunque no se lo digamos, se nos nota. Y no se sienten querid@s de forma incondicional.

Cuando les hacemos chantaje emocional y les decimos lo tristes que estamos porque hayan pegado a un amiguito. Renunciarán a cómo son, sólo por vernos felices.

Cuando nos enfadamos porque suspenden. El enfado quizás necesitaría otro artículo aparte, porque seguro que justificados hay muy pocos. Solo tenemos derecho a enfadarnos cuando nos hacen algo a nosotr@s. Nos dan una patada o tiran intencionadamente nuestro móvil al váter. Si suspenden, no te están haciendo nada a ti. Se lo están haciendo a ell@s mism@s.

Dos cosas importantes: una es que no es necesario enfadarse para transmitir la gravedad de un acto. Sustituye el enfado por seriedad. El enfado es lícito cuando alguien te hace algo a ti. Aprende a diferenciar si eres la víctima directa de alguien o si te ofendes con facilidad.

La otra: ¿qué hacer ante un mal comportamiento de un hij@ entonces para transmitirle que lo ha hecho mal? Nunca retirar el afecto, que es lo que sienten con el enfado. El afecto nunca puede ser consecuencia positiva o negativa de un comportamiento. Lo que hay que hacer es aplicar consecuencias bien elaboradas. Aquí os dejo un enlace en el que hablo de ellas, pero creo que escribiré otro post para dejar claro cómo deben ser.

Es difícil transmitir amor incondicional porque a nosotr@s siempre nos han querido de forma condicionada para educarnos, pero podemos intentar cambiarlo.

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