¿Sabes si llevas puestas las gafas del autoengaño?

El autoengaño es el principal obstáculo con el que nos encontramos a la hora de intentar mejorar en el mundo del comportamiento y las emociones. Porque nos convencemos de que no lo necesitamos, de que no nos pasa, de que no es para tanto…

Mi trabajo, entre otras cosas, consiste en ayudar a la gente a ordenar sus pensamientos y consecuentemente, sus emociones. Hay discursos más unidireccionales, pero hay otros con cambios de sentido constantes. Y estos últimos son los que más me cuesta seguir y reconducir. Tengo la sensación de que cuando ven que van a llegar a un destino, a una idea o conclusión que no les gusta, dan media vuelta y se van hacia otro lado.

No puedo haber encontrado una imagen que defina mejor mi metáfora.

Quizá porque cuando nuestro discurso nos lleva a un lugar que no es el que esperábamos, que juzgamos como “eso no es lo que me está pasando a mí”, decidimos seguir con nuestro pensamiento, a ver si llegamos a un sitio que nos gusta más. Un lugar que sí veamos que se ajusta a nuestra imagen. Pero al final, lo que es, es. Y tenemos que acabar por aceptar que ese sitio al que estuvimos a punto de llegar una vez, que nos pareció tan feo, es finalmente nuestro destino. Es lo que nos pasa.

Aceptar es la palabra clave. Una vez que llegas a ese sitio, porque te has decidido a entrar, ya puedes adecentarlo. ¡Pero anda que nos has dado vueltas antes de admitir que lo que te pasaba era eso…! Te lo podrías haber ahorrado… ¿O no?

¿Cuánto tiempo necesitamos?

El autoengaño es un mecanismo de defensa que tenemos los seres humanos, uno de tantos. Los mecanismos de defensa existen para hacernos la realidad, en este caso la nuestra, más llevadera, menos dura. Lo que pasa es que cuanto más rato estamos anestesidad@s, más tiempo tardamos en ponernos manos a la obra y coger las riendas del asunto.

¿Qué hacer entonces para que el autoengaño esté con nosotr@s el mínimo tiempo posible? ¿Cómo lidiar con él? ¿Se puede hacer algo para tomar conciencia de la realidad de una forma menos dolorosa pero sin perder demasiado el tiempo en nuestra fantasía de “a mí no me pasa eso”?

Yo creo que hay una buena herramienta para esto y es la observación y registro de la propia realidad. Es como convertirnos en investigadores de nuestra vida. Investigar es según la RAE “hacer las diligencias necesarias para descubrir algo”. Un método de investigación es la observación, de esa manera tomas conciencia de las cosas que haces. Porque a veces creemos somos de una manera o que tenemos unos valores, decimos que somos así o asá, pero lo realmente nos define son nuestros actos.

Si tienes dudas de que puedas estar autoengañándote con un asunto, obsérvate. Apunta cuántas veces tienes tal o cual comportamiento con respecto a ese asunto. Por ejemplo, hay un ejercicio en el que para trabajar los valores que tienes, te piden que anotes a lo largo de tu día el tiempo que dedicas a cada cosa que haces. Puedes decir que para ti tu familia es lo más importante, pero si a lo largo del día no le has dedicado mucho tiempo… Saca tus propias conclusiones.

Puede ser que empezando a autoobservarnos, nos hagamos trampa y, siguiendo con el autoengaño, modifiquemos nuestra conducta espontánea por la que queremos demostrarnos a nosotr@s mism@s que tenemos. Porque nuestra mente es muy cuca y va a tratar de jugárnosla. Pero en el tiempo es difícil mantener tanto fingimiento, así que si somos persistentes antes o después nos acabaremos pillando. Y cuando lo hagamos, no pasará nada. Pillarte a ti mism@ engañándote… puede dar hasta risa según como lo mires y es la mejor opción.

Hay otra formas de investigarse un@ mism@, pero eso ya, para otro día.

Marcar como favorito enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.