¿Habremos aprendido algo? ¿Tenemos ganas de volver?

Ahora que poco a poco vamos recuperando algunas libertades de movimiento, me surge este pensamiento.

¿Hemos idealizado nuestra “normalidad”? ¿Nos vamos a decepcionar cuando podamos ir disfrutando de las cosas que hemos dejado de hacer durante estos dos meses?

Ay… Un pooc de humor para este artículo un tanto pesimista.

Habrá cosas que no. Ver a la gente, retomar el contacto, volver al trabajo, volver… Pero otras cosas, probablemente sí. Para cada un@… Será diferente.

Sobre todo, porque nuestra mente nos juega malas pasadas y nos hace ver lo inalcanzable en cada momento como atractivo. Es lo típico que se dice sobre que lo prohibido atrae, ¿no? Igual nuestros planes no iban a ser tan guays como creíamos.

Estos meses, nuestra única forma de entender y vivir la vida, se ha parado. Pero ha sido una oportunidad para ver que hay otras formas de vivir. Consumiendo menos, con muchos menos estímulos, valorando mucho más las cosas. Una forma de vivir más sobria en experiencias superficiales, aunque mucho más rica en calma.

Se ha parado el mundo que conocemos para mostrarnos otro.

Igual se puede vivir con menos prisas, con menos cosas. Para mí ha sido un regalo de tiempo, de recuperación de contacto con mucha gente. También de introspección, de mayor encuentro conmigo misma. He disfrutado mucho de mi soledad.

ESTE VIDEO ES BRUTAL😲 (vídeo de @teresapalbero)

Publiée par Kike Bueno Granados sur Dimanche 26 avril 2020

Otra vida es posible.

Ahora que hemos vivido esto, ya hemos experimentado que existen más formas de vivir, más opciones de cómo tomarse las cosas, de cómo actuar.

Se habla mucho de la nueva normalidad, que nadie sabe cuál será, por mucho que se fantasee. El ser humano es imprevisible y socialmente nunca se sabe qué movimientos va a haber, hasta que suceden. Los cambios que se van a dar, lo que se va a empezar a hacer, lo que se va a dejar de hacer. Eso lo iremos viendo. Y nos sorprenderá seguro.

Por otro lado, no soy muy optimista con respecto a los cambios que se vayan a dar. Creo que la maquinaria en la que vivimos se ha parado pero está tan bien diseñada y engrasada que funciona sola. Y que, en cuanto se ponga en marcha, todo volverá a ser igual. Por inercia volveremos a comportarnos como lo hacíamos, a dejar de darle importancia a lo importante y volveremos a preocuparnos por chorradas.

Es una maquinaria muy “bien” planificada.

El cambio no es tan fácil, ni tan rápido, ni se fija con tanta facilidad. Solo son dos meses contra toda una vida.

Dejaremos de hacer deporte, de tener contacto con tanta gente, de probar recetas nuevas. Le volveremos a dar prioridad al trabajo y dejaremos de nuevo que el tiempo se nos pase volando no estando en el momento presente. Volveremos a odiar los lunes.

Por mucho que un barranco lleve seco décadas, el día que llueva, el agua se canalizará por donde ha ido siempre.

Eso sí, si somos conscientes de ello y no ponemos el piloto automático, esto no nos pasará. Si nos dejamos llevar sí. Pero si hacemos un pequeño esfuerzo por poner en práctica lo que hemos aprendido, por seguir con las rutinas que hemos creado este tiempo, por valorar todos los días la suerte que tenemos de estar viv@s, quizá todo esto haya servido para algo.

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