Las consecuencias de que no haya consecuencias

Para quienes no están de acuerdo con aplicar consecuencias, este artículo.

Últimamente he estado viendo una serie documental de Jon Sistiaga, llamada tabú. Muy recomendable por los temas que escoge, las personas a quienes entrevista y la manera que tiene de hacerlo.

La segunda temporada va sobre el tema de la maldad y me está haciendo replantearme alguna de la creencias sobre este tema que he tenido y aún tengo. Pero no es por esto por lo que escribo.

¿Recordáis aquel oscuro episodio de nuestra historia reciente en la que unos chavales españolitos de clase media prendieron fuego matando a una mendiga en un cajero? Pues Ricard Pinilla es uno de los autores y sale en esta serie.

Como todo el contenido de Jon Sistiaga que he conocido hasta ahora, la intensidad del estremecimiento que transmite cada capítulo es bastante alta. A mí me hace reflexionar y prestar toda la atención posible porque es muy sustancioso. Incluso veo algún capítulo varias veces para enterarme mejor.

Ricard Pinilla relata un poco cómo fue la cosa para que el espectador pueda intentar entender algo, a priori, incomprensible. Explica cómo él y dos chavales más decidieron golpear a otro ser humano, rociarlo con una garrafa de disolvente y prenderle fuego. Pero también intenta dar un contexto a su situación. Habla de que tenían malos hábitos (imagino que se refiere a algún tipo de consumo), malas compañías (escogidas conscientemente) y un entorno familiar que no ayudó en absoluto. Sobre este tema no habla mucho, pero se puede interpretar que siente que con él no lo hicieron bien.

Habla de que esta no era la primera cosa que hacía. Hacían gamberradas, agredían a personas, rompían cosas, eran destructivos. En toda esta explicación, hay una frase literal que a mí me deja absolutamente impactada: “Vas cogiendo confianza. Ves que nunca pasa nada.”

Nunca pasa nada. No hay consecuencias. Ni límites. Imagino que tampoco hubo mucho amor, cariño, atención, explicaciones, tiempo en común ni transmisión de valores.

Esto último ahora está muy de moda. Pero lo de los límites… parece que menos. Y son muy importantes. Porque no sé si lo habréis pensado pero en el cajero había una cámara que lo grabó todo. ¿No pensaron en ello? ¿O estaban tan acostumbrados que nada tuviera consecuencias que ni siquiera fue algo significativo para ellos?

Pongo aquí el vídeo, aviso de que puede herir sensibilidades. Pero creo que a veces es necesario ver cosas escalofriantes para reaccionar.

El tema del acoso es muy grave. Quizá este caso no lo meteríamos dentro de ese saco, pero el acoso se define cuando un individuo o individuos hostigan a otro, así que por definición, podría serlo.

¿Cómo alguien no se percató de este tipo de comportamientos? En el centro educativo, en casa… No creo que fueran absolutamente respetuosos el resto de tiempo. Quizá tampoco le dieron importancia sus padres o profesorado porque “tampoco era para tanto”. Esta frase, que tan poco soporto con respecto al tema del acoso, boicotea enormemente la transmisión del valor del respeto. En esta escena de la serie Merlí se puede apreciar perfectamente.

Las cosas a veces empiezan como una broma y pasan a ser burla. Y de la burla, se puede pasar al acoso. El siguiente paso, en este caso fue fatal.

La falta de consecuencias no fue la causa de este acto vil y deplorable, las variables que influyeron serán muchas. Pero lo que está claro es que la falta de consecuencias es, desde el punto de vista de uno de los autores, innegable.

Si quieres que te ayude con este tema, ponte en contacto conmigo.

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