Que no te engañen

Cuando empecé a impartir escuelas de padres hace 3 años, planifiqué una serie de contenidos que desde  mi punto de vista eran los necesarios para que la educación que dieran a sus hijos tuviera en cuenta las emociones. Los padres y madres que acuden a mis cursos lo hacen por lo general con muchas ganas de aprender y mejorar. Cuando trabajamos cómo hay que hacer las cosas y se dan cuenta de lo que tienen que cambiar, a veces percibo que no se sienten bien. El miedo a equivocarse, de hacerlo mal, su juicio, su crítica… Y desde ese estado de ánimo que generan esas actitudes mentales, no se puede educar a gusto. sigue leyendo