¿Tú cómo crees que reaccionarías si…?

Hace un tiempo, yendo con un amigo en su coche, una piedra le golpeó la luna delantera y la rompió. Me pegué un buen susto puesto que el ruido es bastante impactante y no te lo esperas para nada. Desde aquel momento, me preguntaba cómo reaccionaría yo si me sucediera a mí. Si lo haría con calma, si pegaría un volantazo… Pues hace dos semanas me pasó.

Me pilló bastante de improviso porque, además, no tengo ni idea de donde cayó la piedra (creo que fue una piedra lo que impactó). Iba por una autovía, un uno de mis múltiples viajes repartiendo inteligencia emocional por la geografía española, cuando escuché un ruido potente en el coche. Mis manos se mantuvieron formes en el volante y rápidamente detecté la rotura.

El "roto".

El “roto”.

A pesar del susto, continué conduciendo con tranquilidad.

Hacía un año ya había tenido que cambiar la luna delantera porque se rajó, sin motivo alguno. Con lo cual ya sabía cómo, cuándo y dónde proceder. Eso contribuyó bastante a mantener la calma.

Ser consciente de que no me iba a costar un duro era un ingrediente que favorecía mi tranquilidad y haber experimentado un año antes algo parecido me daba la información de que aunque estuviera el cristal roto, no iba a ir a más. No es lo mismo que te pase algo así en una ciudad que en un pueblo sin taller mecánico. Pensar en las dificultades que te puedes encontrar para que te cambien el cristal, quita bastante calma. Pero a pesar de todo, durante mi día, pasó desapercibida prácticamente la anécdota del cristal en mi estado de ánimo.

El año pasado estaba mucho más preocupada.

Y todo dependía de mi diálogo interno. El año pasado me decía a mí misma que no sabía cuándo ni cómo lo iba a reparar. Tenía que viajar y no sabía si la raja se haría más grande. Me apenaba que se hubiera rajado la luna. Me preguntaba qué lo habría provocado…

Sin embargo este año, no. Me dije que cuando pudiera lo llevaría al taller, que no corría prisa y que no hacía falta que pensara más en ello.

Así que de esta manera conseguí que mis emociones fueran menos desagradables que la vez anterior. La experiencia y que el seguro a terceros te cubra las lunas, también ayudan…

Pero lo más importante para mí fue descubrir que a veces tenemos miedo a nuestras propias emociones. Yo temía cuál sería mi reacción cuando aquello me pudiera suceder. Y cuando pasó, mi reacción fue buena. No sé si por instinto o por qué, pero nuestro inconsciente a veces actúa de formas muy adecuadas. Imagino que el hecho de que la primera vez que experimenté algo parecido, el conductor reaccionara con tranquilidad, también ayudó.

Es importante que confiemos en nosotr@s mism@s, en nuestras reacciones, en nuestro instinto, en nuestro inconsciente. Nunca sabemos lo que nos va a traer la vida y podemos pensar que si nos pasara tal o cual cosa no la resistiríamos o lo pasaríamos fatal. Pero luego nos pasa, lo pasamos como podemos, se pasa y no es para tanto.

Todo pasa.

Todo pasa.

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Un comentario

  1. Yo estaba así y encima en negación, mi problema era q reaccionaba con furia cuando algo escapaba de mi control, como si fuera a acabar el mundo por cualquier cosita.
    Para lograr la tranquilidad, hay q empezar por conocernos El gran problema es que tratamos de acallar nuestras emociones e instintos y tercerizamos la responsabilidad sobre nuestras reaccciones, en lugar de tratar de entender el por qué y trabajar con ellos para lograr nuevamente el balance. No sólo me sirvió la terapia, si no q complementé el trabajo con perros y caballos, ya q al ser animales de manada, se convierten en un espejo y reaccionan negativamente a la inestabilidad. ¡¡Es fantástico!!. Como bien dices todo es temporal y sin tranquilidad no hay solución al problema.
    Lindo tu artículo.

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