El otro día fui a Huesca por trabajo y recados y quedé con mi amiga María. Iba a ser un día largo, pero me gusta aprovechar mis desplazamientos para ver a mi gente.
Habíamos quedado unos días antes que durante la mañana nos veríamos, que nos llamaríamos.
Yo llegué a Huesca a las 9.30, dejé la furgo en el taller y con un coche que me dejaron me fui a buscar un bar con internet para poder trabajar y con fácil aparcamiento. Ya tengo uno fichado de otras veces, así que acudí allí. No es muy céntrico pero conducir con un coche que no es mío por una ciudad que no controlo mucho, no me gusta.
Así que al rato de estar allí, mi amiga me escribió preguntándome por mis planes. Yo le dije dónde estaba y ya me imaginé que no le iba a venir muy bien que yo estuviera allí para venirme a ver, puesto que le pillaba lejos de casa. Pero claro, yo había ido hasta allí. Hasta Huesca. Con lo cual, 20 minutos me parecían nada. Teniendo en cuenta que siempre que nos vemos es porque yo voy a Huesca.
Quizá es que estoy un poco cansada de ser la amiga itinerante. Me explico: hay una serie de personas a las que solo veo porque yo voy a verlas. Siempre he pensado que la amistad hay que cuidarla y he tenido muy claro que dejar que se vaya enfriando una relación por dejadez es algo injustificable. Por eso he tenido esa actitud de mantenimiento. Y no me ha costado nunca esfuerzo.

Siempre me he movido mucho y me ha gustado visitar a la gente.
Pero claro, cuando además te ponen pegas… Pues ya mosquea… Y ya empieza a costarme…
El caso es que, tal y como me temía, mi amiga me dijo que tan lejos no le venía bien ir. Y yo que ya empezaba a estar un poco alterada, quise presionar, por comodidad, para que viniera donde yo estaba. Hasta el punto que si no venía donde estaba yo, no nos íbamos a ver. Argumenté para ello que tenía mucho trabajo y no me podía mover del bar. Y ahí, me salió mal la jugada. La cosa empezó a ponerse tensa, ninguna cedía.
Pero realmente, ella no debía ser la pagana de algo que se me va acumulando con el tiempo. Lo que yo he estado haciendo estos años, “itinerando”, ha sido mi decisión. Si ya me estoy empezando a cansar, no tengo que volcar ese desánimo en ella ni en ese momento. Además, no siempre siempre que nos vemos es porque yo voy allí… Pero contarme la historia de esa manera, me hacía estar más “indignada”. Qué importante es la forma en que nos contamos las cosas…

Itinerando.
Me di cuenta de que yo no estaba siendo sincera. Claro que podía acercarme al centro, aunque me molestaba que, una vez más, tuviera que ser yo quien se moviera para podernos ver. Así que dejé de lado mi enfado, traté de ver la situación con humor y terminamos viéndonos.
Lo bueno, es que hablamos de lo que había pasado. Ella entendió mi postura y yo, cuando me la explicó, la suya. Porque también sus razones tenía, aunque tampoco tuvieran que ver conmigo. Y pasamos un ratito agradable. De hecho, esto nos ha unido más.
Menos mal, porque estuvimos a punto de “mandarnos a escaparrar”, como se dice por aquí.
La próxima vez, le diré que me busque un bar con wifi y fácil aparcamiento cerca de su casa. Y si además trato de no verme como “pobrecita de mí”, mejor. Si no lo hubiéramos hablado, la próxima vez creo que no la hubiera llamado. Así es, éstas son las consecuencias del enfado o no de no hablar desde el corazón.
Es importante bajarse del burro y mostrar las verdaderas razones por las que hacemos las cosas. Pero claro, para ello, hay que mostrar nuestras vulnerabilidades y eso cuesta y a veces hasta escuece. Hay dos caminos: el del orgullo o el del amor. Escogimos el segundo, aunque la tentación del ego… siempre está allí. ¡Así que a llevarla a raya! Que por menos de nada te mete en marrones de los que luego es difícil salir.

Con una amiga que me regala esta chapa… ¿¡cómo me voy a enfadar!?



¿Es difícil llegar a acuerdos no?. En mi caso, mi esposo y yo somos muy distintos en gustos..yo soy de campo, él de ciudad, yo quiero algún día jubilarme y separarme por completo del mundo corporativo (al que entré y me fue muy bien pero que en el fondo no disfruto)…a él le parece una locura que piense vivir de mis rentas (que no son pocas)…y que es un bloqueo mío con el dinero, paradigmas, traumas y no sé qué más (mindfulness a su conveniencia jejeje) y que debería empezar a “profesionalizarme” en lo que me gusta (trabajar con animales) para montar mi negocio a futuro …jajajaja…y hasta insinúa que si me jubilo tendrá que separase (lo cuál me parece biennnnnn @#!!!)…por que hubo momentos en que yo ganaba mucho más que él y no me separé…en fin…aún me faltan 10 años o más para ello (suspiro largo) pero él ya entra en trompo, yo disfruto el momento y estoy tratando de no darle importancia a sus arranques…me parece que la suya es pura, inapropiada y dura manipulación.